martes, 25 de abril de 2017

DRAUGOR, SEÑOR DE LOS HUARGOS



Notas previas:

Ésta es la continuación de la historia de un personaje que hice para una campaña del juego de rol "El Señor de los Anillos", que mi hermano hace años iba a ambientar en la Primera Edad de la Tierra Media que J. R. R. Tolkien narró en su libro "El Silmarillion" (en base a textos recopilados por su hijo, quien fue también responsable de su edición).

Tras un desengaño amoroso borré la historia del personaje que narraba los primeros siglos de vida de un Elfo Noldo que había nacido en Valinor con el nombre de Taralmië, que siguió a Fëanor a la Tierra Media y que fue prisionero de los siervos de Morgoth en su fortaleza de Angband. 

Estoy intentando reescribir la historia original pero me está costando más de lo que había creído. Tras ver impresionantes vídeos de la segunda parte del videojuego "Shadow of Mordor", llamada "Shadow of War", se me ha ocurrido ésta continuación de aquella historia y de su protagonista, el Elfo Noldo que, tras escapar de su cautiverio en Angband gracias al poder de un anillo mágico, abandona su antiguo nombre y adopta el de Draugor (en sindarin significa "temor de lobo").


Portada de "El Silmarillion"




La Tierra Media en la Primera Edad


Las Tierras de Maedhros y los Noldor durante la Primera Edad



I


Räegaryon se le acercó y no había ido solo, un Elfo Sinda iba con él.

- Hola, Draugor. - Dijo Räegaryon. - Te presento a Glîncalen, un amigo de los Noldor. Le he hablado de ti y desea conocerte.

- Te olvidas de que yo ya no soy un Noldo, ni amigo de los Sindar. - Dijo Draugor. - Y tampoco soy una atracción de feria. ¿Para qué has venido? ¿Qué noticias traes del sur? ¿Qué noticias hay de Himring y de las Tierras de Maedhros?

Glîncalen vio a un extraño Elfo, era albino, como le habían dicho, y su largo cabello blanco brillaba con fulgor a la luz del mediodía. Vestía armadura de cuero negro y pieles del mismo color, y éste atuendo y vestimenta parecía más de Orco que de Elfo. Llevaba la espada larga que Räegaryon le había regalado, un arco largo élfico y un carcaj lleno de flechas de Orco. Una docena de metros más atrás un enorme lobo huargo esperaba a quien debía ser su jinete, aquel que respondía al nombre de Draugor, Señor de los Lobos.

- Noticias de Himring no traigo, traigo noticias del oeste, Tol Sirion ha caído, Sauron la ha tomado y la ha convertido en su criadero personal de licántropos. - Explicó Räegaryon. - Hace unos seis meses de aquello.

- El bastardo de Gorthaur la ha llamado Tol-in-Gaurhoth, la Isla de los Licántropos. - Dijo Glîncalen.

- Una pena. - Dijo Draugor - Pero eso está muy lejos de Ladros y del Paso de Aglon. Además, y como tu ya sabes, mi guerra es con el Señor y no con el Siervo, mi guerra es contra Morgoth y no contra Sauron. Me vengaré por lo que les hizo a mis padres, me vengaré por lo que me hizo a mí.

- Como tu bien has dicho, yo ya sé todo eso. - Dijo Räegaryon - Pero también sé que sigues siendo leal a Maedhros, a pesar de lo que opinas de los Noldor, porque sufrió como tu por culpa de Morgoth y en el mismo lugar... Atrapado en el interior de Angband... Ambos tenéis cicatrices de esa estancia forzosa en la Fortaleza del Enemigo y son bien visibles... Pero debes comprender que no puedes matar a un Vala, ningún Elfo ha conseguido jamás tal proeza... Ni la conseguirá... Recuerda a Fingolfin y su duelo con Morgoth ¿Quieres acabar muerto como él? Gran suerte tuviste de ser acogido en Himring por Maedhros durante la Dagor Bragollach... Él también te recuerda con afecto, Draugor, él también recuerda quien fuiste cuando os marchasteis de Valinor, cuando llegasteis a la Tierra Media. Él no ha olvidado tu ayuda desde entonces y siempre te ha ayudado en recuerdo a esa amistad.

- ¿Acaso yo no le he ayudado? - Respondió el Elfo albino - ¿Quién mantiene el Paso de Aglon seguro y vigilado? ¿Quién controla a todos los clanes de los Orcos en las llanuras de Ladros, en la cordillera oriental de las Ered Gorgoroth y en las laderas que bajan hasta las llanuras de Lothlann? Es mucho territorio el que Maedhros controla gracias a mí, son muchos los clanes de Orcos que domino para él y mucho a lo que he renunciado para llevar a cabo la guerra contra Morgoth... ¿Todo este territorio quieres perder? ¿Tanto vale una fortaleza que se encuentra en una frontera distante, más allá de las Ered Gorgoroth, más allá de Taur-nu-Fuin, más allá de Gondolin y de las Crissaegrim? Que se ocupe Turgon y sus Águilas de Sauron y sus licántropos. ¿O acaso el rey de Gondolin y sus protectores alados necesitan la ayuda de un Elfo extranjero que vive en el lejano oriente para mantener a salvo sus fronteras?

- Sabes tan bien como yo que Turgon se siente muy a salvo tras los muros de Gondolin y que jamás saldrá de la ciudad, y menos para hacer la guerra, aunque con ello acabase con el mismísimo Enemigo. - Respondió el Elfo Noldo. - Tu tienes el poder de dominar la mente de los siervos de Morgoth y de usarlos contra él. Nadie más en la Tierra Media ha conseguido tal proeza. Tal vez no puedas matar al Vala, pero sí puedes debilitar sus ejércitos, puedes hacerte con sus mismas armas y además usarlas contra él mismo. No queremos destruir Tol Sirion, hasta ahora nos había sido muy útil, queremos reconquistarla, y en Himring hemos pensado que no tenemos por qué matar a los licántropos siempre y cuando esos mismos licántropos nos sean útiles para destruir a Sauron y a su Señor.

Draugor agachó la cabeza pensativo mientras se acariciaba el pálido mentón durante unos instantes.

- Estaba más que claro que con esas noticias has venido a convencerme de convertirme en el Señor de esas nuevas criaturas que Sauron está criando. - Dijo sin cambiar el gesto - He oído que desde la torre de Tol Sirion se domina todo el valle y que se ve llegar a todos los enemigos con tiempo suficiente para organizar la defensa más eficaz. ¿Con qué demonios Sauron ha logrado conquistar esa fortaleza? ¿Cómo ha logrado eludir las defensas? ¿Con qué extraño poder o fuerza se ha hecho con la torre? Necesito que me des mucha más información si quiero conquistar la isla y una garantía de futuro. Quiero ser el Señor de Minas Tirith si la reconquisto, esta vez no renunciaré a ser el comandante de la isla si expulso a Sauron de la misma, esta vez no repetiré lo que hice con Himring.

- Debes saber que Orodreth no ha muerto, al ser expulsado de Minas Tirith se refugió en Nargothrond. - Dijo Räegaryon -. Si es reconquistada es muy posible que el Noldo exija volver a su puesto como Señor de Tol Sirion.

- Si Orodreth ha abandonado su señorío ya no puede reclamarlo si otro se hace por derecho con él. - Concluyó Draugor. - Pero antes de aceptar ésta misión quiero una declaración jurada por escrito de Maedhros y de todo aquel Señor de los Elfos que puedas convencer de que esas tierras me pertenecerán si soy capaz de conquistarlas. Y quiero reunirme con Maedhros en Himring para ser testigo de cómo el hijo de Fëanor en persona firma esa declaración un segundo antes de quedármela. No lograreis engañar a alguien que conoce al detalle las artimañas y mentiras de los Orcos. Entonces, y solo entonces, empezaré a moverme para cumplir la misión. No es negociable, cualquier otra oferta será rechazada y me conoces lo suficiente como para saber que no cambiaré de opinión. Si no aceptáis no habrá trato y seguiré siendo para siempre el Señor de los Orcos y los Lobos de la Cordillera Oriental de las Ered Gorgoroth, al norte de Himring y el Paso de Aglon.

El Elfo Sinda llamado Glîncalen, que hasta entonces se había mantenido apartado de la conversación, dio un paso al frente.

- Me han contado que una vez fuiste comandante de Himring y que renunciaste al puesto para convertirte en éste montaraz que vive en las montañas, en los bosques y en las cavernas. Me gustaría saber ¿por qué ahora si deseas tener un señorío?

Draugor lo miró con una mirada divertida en los ojos y una sonrisa en los labios.

- Ser el comandante de Himring no es lo mismo que ser el Señor de Himring, Sinda; esa fortaleza solo tiene un Señor y ése es Maedhros el Alto, su comandante solo es un subordinado. Yo quiero un señorío y aunque ser el Señor de los Lobos no es atractivo ni suena bien es algo mío y solo mío. Es preferible ser el Señor de Algo, por desagradable que esto sea, que ser un simple lacayo.

Draugor se volvió a Räegaryon para lanzar su última petición.

- Tienes una semana, Noldo, si no estás aquí con una respuesta dentro de una semana entenderé que no hay acuerdo y que todo sigue igual. Entonces tu seguirás siendo el lacayo de Maedhros y yo seguiré siendo su Señor de los Lobos y los Orcos... Al menos seguiré teniendo algo.

- Entendido. - Respondió Räegaryon - Vendré dentro de una semana con una respuesta de Maedhros, sea la que sea. - Y dicho esto se giró hacia Glîncalen para indicarle que ya podían regresar a tierras civilizadas y el Elfo Sinda montó en su caballo y cabalgó hacia Himring junto a su comandante.

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