miércoles, 21 de febrero de 2018

EL ORIGEN DEL MUNDO SEGÚN LOS UMBRÍOS


EL ORIGEN DEL MUNDO SEGÚN LOS UMBRÍOS


Umbríos



"... Antaño fueron hombres... grandes reyes de los Hombres, luego Sauron el Impostor les entregó los nueve Anillos de Poder, cegados por su codicia los aceptaron sin dudar, han sucumbido uno a uno en la Oscuridad, ahora son esclavos de su Voluntad..."

Aragorn en "El Señor de los Anillos: La Comunidad del Anillo" explicando a los hobbits el origen de los Nazgul.


Al comienzo de todo sólo había dos dioses en perpetua guerra: Caos y Nada. Caos creaba mundos, criaturas, dioses... y Nada destruía todo lo que Caos creaba. Un día Caos creó un nuevo dios al que llamó Traición y le dotó del Poder del Engaño y la Seducción. Traición comenzó a hacer aquello para lo que fue creado, sedujo a Nada e hizo que ésta se olvidara de su guerra contra Caos.

Nada y Traición se alejaron para vivir juntos pero Traición fue débil porque en vez de hacer lo que se le había ordenado, asesinar a Nada en el lecho, acabó enamorado de la Destructora y tuvo un hijo con ella. Como no pudo hacer lo que le habían encomendado raptó a su hijo neonato y se lo llevó a su creador, Caos, quien agradeció a Traición ése gesto, pues tal vez el poder del hijo de Nada le ayudase a ganar la guerra, pero castigó a Traición por su debilidad convirtiéndolo en una estatua de piedra.

Caos envió al hijo de Nada y Traición al centro de su reino y lo puso a cargo de Tutor, dios al que creó para enseñar al pequeño retoño a combatir. Cuando Nada despertó entró en cólera y se dispuso a destruir todo lo que Caos había creado durante su ausencia. Una eternidad le llevó a la Destructora llamar la atención del Primer Creador, pues había aprovechado bien el tiempo; Caos preparó el terreno para crear una trampa y cuando lo estimó oportuno le tendió una emboscada a la Destructora. Pero antes de que pudiese asestar el golpe final ambos dioses sintieron un gran poder en el centro del reino del Primer Creador. Era el hijo de Nada que acababa de recibir su primera lección de combate y tras recibir una paliza de Tutor el niño golpeó con tal furia y tanto poder que no sólo desintegró a su maestro, desintegró todo lo que existía en el corazón del reino de Caos, generando un gran Vacío en cuyo centro se situaba el pequeño dios.

La Destructora, que sintió entonces el vínculo que le unía a su retoño, creó, gracias a su poder, una burbuja de Nada en el Vacío que ocupaba ahora el hijo que había tenido con Traición, Nada que le protegía de todas las creaciones de Caos.

La batalla que comenzó entonces entre Nada y Caos para llegar el primero a aquel lugar, donde habían sentido la energía del nuevo dios, duró una eternidad y el hijo de Nada, en la ausencia total del Vacío maldijo a su padre, a su madre y a su abuelo y juró vengarse de ellos por haberle condenado a crecer en aquella absoluta ausencia de Todo.

Así fue que, cuando Nada por fin llegó al encuentro con su hijo, éste había crecido hasta la madurez y la Destructora descubrió que se había autonombrado Demiurgo, el Creador, y su loco semblante era una máscara de ira y de odio, y al tener por fin contacto con alguien en aquel Vacío, de su pensamiento surgieron seis dioses con la misión de combatir y matar a la Destructora: Undoré, que trató de ahogarla con el peso de gigantescos océanos; Elamain, que trató de consumirla entre terribles llamas; Isderin que la azotó con insuperables vientos gélidos; Belmine, que le disparó flechas mágicas de su mágico arco; Avael, que separó al Demiurgo de su madre, para evitar que ella le hiriese durante la lucha, creando un nuevo y segundo Vacío sobre el primero y Serhara, que fascinada por la creación de Elamain separó los océanos de las llamas y protegió las llamas del viento, en ambos casos para evitar que se apagaran, así como creó un hueco entre los tres Elementos para que Belmine pudiese acertar el tiro.


Serhara creando las Estrellas


Los Seis consiguieron expulsar a Nada del Segundo Vacío, que no matarla, pues el poder de la Destructora era grande y no estaba en sus manos hacer algo que sólo su hijo hubiera podido hacer. No obstante Serhara no dio por concluido su trabajo, fascinada por los fuegos de Elamain creó con ellos unas linternas que dispersó por el Vacío, para poder ver con mucha antelación a Nada o a cualquier otro intruso inesperado que osara internarse en los dominios de Demiurgo. El Creador otorgó a los seis dioses el título de Guardianes del Hogar y les mandó a diferentes esquinas del mismo para vigilar su nuevo reino, pues sabía que aun le quedaba alguien de quien vengarse, alguien que trataría de llegar hasta él y al que guardaba un rencor furibundo.

Cuando Nada se dio cuenta de que no podía atravesar la burbuja de Vacío creado por Avael luchó para entrevistarse con su antiquísimo enemigo, pues era grande su desesperación y no sabía de nadie más que pudiera ayudarle a conquistar el amor de su hijo. Así fue como Caos, una vez enterado de todo, fue allí donde había dejado a Traición, convertido en piedra, y le restituyó su antigua forma y vida para que con sus poderes de Engaño convenciera a Demiurgo de levantar aquella barrera y entrevistarse una vez más con su madre, pero realmente planeaba convencerlo también para que matara a su eterna enemiga.

Extrañamente la barrera de Vacío creada por Avael era eficaz contra Nada, pero no contra Caos, que, como dueño y señor de Todo lo que Existía, pudo atravesar dicha barrera, no sin ciertas dificultades, acompañado por Traición. Cual fue la sorpresa del Primer Creador y de su siervo cuando vieron de repente al Demiurgo y a sus seis Guardianes cargando por sorpresa contra ellos totalmente equipados para el combate. Caos apenas tuvo tiempo de crear un ejército de demonios de su pensamiento como defensa, demonios que no evitaron que Demiurgo atravesara el corazón de su abuelo con su lanza, hecho lo cual, Traición volvió a su anterior forma de piedra.

Dicen que no todos los demonios creados por Caos en aquel instante cayeron ante las armas de los Guardianes, dicen que algunos lograron escapar y esconderse y que ellos son los que protegieron y guiaron a los primeros umbríos, antes de que Avael estuviera preparado para reclamar el trono del Universo y autoproclamarse Abozamel (Señor del Abismo). Los hijos y siervos de Kieg dicen que su Dios y Señor es uno de éstos demonios.

El caso es que tras la batalla Demiurgo se sintió muy cansado, envió a sus Guardianes a proteger el Hogar en sus distantes Casas, dispersas por seis puntos diferentes entre las Estrellas, creó un enorme y hermoso palacio en el centro de su reino y en una de sus muchas habitaciones se tendió a dormir y descansar.

Todos los Guardianes hicieron lo que su Señor les pidió, todos menos dos: Serhara, porque amaba todos y cada uno de los rincones del Hogar que ella había creado y no se decidía por ningún lugar que Habitar y Vigilar durante los eones que estarían por venir. Avael, por todo lo contrario, no se sentía cómodo en ningún rincón del Hogar y además éste le parecía un lugar extremadamente aburrido, frío y silencioso.

Tras una eternidad vagando por el Hogar Serhara llegó a la Casa de Undoré y éste, viendo el semblante cansado de la Creadora de Estrellas decidió invitarla a quedarse a descansar en su Casa, un planeta lleno de océanos, invitación que ella aceptó.

Por su parte Avael, vagando por el Hogar durante una eternidad, encontró la estatua en la que se había convertido Traición y, viendo el Poder latente de aquella piedra, decidió hacerse con ése Poder trabajándola para hacerse un amuleto de piedra y metal con el que dominarlo.


Avael creando el Amuleto de Traición


Serhara y Undoré, tras vivir durante otra eternidad juntos, acabaron enamorándose y empezaron a engendrar un sinnúmero de diosecillos, que más tarde recibirían el nombre de Titanes.

Durante aquel tiempo Avael consiguió terminar su Amuleto de Traición. Dicen que en el mismo instante en el que se lo puso decidió desobedecer a su Señor el Demiurgo y buscar su lugar de Vigilia fuera del Hogar, más allá de las Estrellas, más allá de la propia barrera de Vacío que él mismo había creado, y así se dirigió sin más demora a los límites del único Universo que conocía hasta entonces, para atravesar con facilidad su propio muro y viajar más lejos de lo que nunca otro Guardián ha estado.

Con el paso de las eras los hijos de Serhara y Undoré comenzaron a tener hijos a su vez y con el paso de los eones éstos hijos tenían más hijos y así sin cesar, por lo que comenzaron todos a llenar el Hogar con sus entidades y voces mágicas. Y tanto bullicio llegaron a hacer que despertaron al Demiurgo en las habitaciones de su palacio en el centro del Universo. El Creador convocó a sus Guardianes que acudieron sin demora a su lado, todos menos Avael, que estaba ya muy lejos de su poder y de su reino.

Les preguntó quiénes eran todos aquellos dioses que llenaban el Vacío que era su Hogar y qué hacían allí, pues les había ordenado guardarlo de los extraños. También preguntó dónde estaba Avael y por qué no había acudido a su llamada, pues ya no podía sentir su presencia divina, a lo que ninguno de sus dioses pudo contestar, pues hacía varios eones que no sabían del dios del Vacío y ni siquiera le habían visto en todo aquel tiempo. En cuanto a la multitud de nuevos diosecillos, que convinieron en llamar Titanes, ni Elamain ni Belmine supieron qué contestar, mirándose el uno al otro extrañados, pero Serhara y Undoré agacharon la cabeza avergonzados. Una vez que el Demiurgo se entrevistó con ellos a solas y éstos le contaron la verdad convocó al resto para organizar una nueva guerra, la Guerra de los Titanes, que tenía por objetivo exterminar a toda la prole de Serhara y Undoré.

Avael, por su parte, atravesó los Dominios de Nada, que ahora que había ganado la guerra contra Caos eran más extensos que nunca, y huyendo durante una eternidad del Desierto Vacío de la Destructora llegó al lugar de nacimiento de Caos, los Infiernos, donde el Primer Creador había hecho sus primeras creaciones, un mundo deformado de criaturas retorcidas y violentas, los primeros proyectos imperfectos de dioses, mundos y seres que mejoraría con mucho posteriormente. Allí fue recibido con hostilidad, pues lo único que conocían y reconocían los demonios eran la Fuerza y el Poder, y se equivocaron al subestimar al Dios del Vacío, pues, como reflejo masculino de las cualidades de Nada, poseía un inigualable Poder de Destrucción que usó para eliminar y doblegar a todos los demonios que no se arrodillaron ante él. Una vez conquistados, creó un trono de piedra en el centro de los Infiernos, donde se sentó a reflexionar durante una eternidad.

En el Universo Demiurgo y sus Guardianes ganaban fácilmente la Guerra contra los Titanes sin sufrir ninguna baja, pues el poder de los hijos, lo nietos, los bisnietos y los tataranietos de Serhara y Undoré era muy limitado y éstos barrían a su descendencia sin piedad ni cuartel. Cuando la guerra estaba pronta a acabar, los pocos Titanes que quedaban con vida se escondieron en algún lugar recóndito del Universo y allí, sintiéndose acorralados y cercanos a su fin, decidieron crear algo que sus enemigos nunca podrían destruir, algo que ellos nunca pudieran encontrar y que fuera un testimonio postrero de su paso por el espacio y el tiempo, algo de ellos que lograse pervivir para la posteridad y para siempre. Y así fue cómo se inmolaron, se sacrificaron fusionándose todos para crear una conciencia común, una semilla suya, un fuego que contenía la mezcla de todas sus mentes, almas y poderes, un fuego invisible para los Guardianes y para Demiurgo.

Una vez terminada la guerra contra los Titanes el Demiurgo castigó severamente a Serhara y a Undoré por haber creado aquella multitudinaria estirpe que tuvieron que destruir. Primero les prohibió volver a verse en toda la eternidad pero, además, a Undoré lo obligó a exiliarse para siempre en los propios océanos de su Casa y le desposeyó de su poder de respirar todo aquello que no fuera agua, y a Serhara le desfiguró horriblemente el rostro para que ningún otro dios quisiera volver a dejarla encinta ni sintiera la necesidad de tener relaciones sexuales con ella. No contento con esto también la dejó ciega, para que no pudiera volver a ver la belleza del Universo que había creado y que tanto amaba, algo que estimó como origen y causa de su desgracia. Una vez consumado su castigo Demiurgo volvió a las habitaciones de su palacio en el centro del Hogar, donde volvió a rendirse a su descanso y sueño eternos.

Serhara creó entonces un planeta desierto y marchito, como sus propios pensamientos y sentimientos, y lo hizo girar muy próximo a la Casa de Undoré, donde éste guardaba exilio. Y sintiéndose perdida y desorientada, sin saber a dónde ir ni qué hacer, se sentó sin más en una roca de éste planeta, donde escondió su rostro entre las manos y lloró... durante una eternidad. Tanto lloró que después de muchísimo tiempo se formó un gran charco de lágrimas a sus pies y de su reflejo en éste charco surgió una diosa que poseía lo que ella había perdido y anhelaba, belleza física, juventud y gran capacidad creadora.

Heridane


Ella se presentó ante la Creadora de Estrellas como Heridane, la Guardiana del Camino Oculto, y le dio las gracias por haberla llamado, porque en su propio Universo Heridane ya no tenía cabida y juzgó a aquel nuevo mundo que estaba contemplando como incompleto, un nuevo mundo que necesitaba de su Poder para estar, por fin, entero.

Serhara se apartó de Heridane, no creía posible tal aparición ni que fuera realmente amistosa, así que la Guardiana del Camino Oculto, para demostrar que era real, que le estaba agradecida y que deseaba ser su amiga le hizo un regalo. Primero se mantuvo allí, de pie, delante de Serhara, mirando al cielo... pasaron los instantes y la Creadora de Estrellas volvió a sus pensamientos creyendo que lógica y finalmente se había vuelto completamente loca y que hablaba con entidades no existentes e imaginadas. Pero según fueron pasando los minutos comenzó a sentir que algo se acercaba, un poder, una presencia que le era similar pero también diferente.

Serhara no pudo verlo pero poco a poco fue aproximándose la luz de una estrella, al principio no parecía moverse pero tras un buen rato finalmente cayó y se detuvo a escasos centímetros de la mano alzada de Heridane. Era una pequeñísima bola de fuego más pequeña que un puño. Serhara pudo sentir entonces que de ella emanaba una energía extraña y especial, algo que se parecía mucho a la conciencia de un ser diferente a los dioses y los Guardianes.

Heridane le explicó que aquella llama era un regalo de sus hijos, los Titanes, quienes se habían inmolado y fusionado para crear ésa pequeña, aunque diferente y especial, bola de fuego antes de desaparecer para siempre del Universo. Serhara decidió entonces compartir el regalo con Undoré, pues los Titanes también habían sido sus hijos. Le pidió a la Guardiana del Camino Oculto que la acompañase hasta la Casa del Agua y que le llevara en su nombre el regalo de los Titanes a su amado, a Undoré, Guardián de los Océanos.

Así fue cómo la Creadora de Estrellas despidió a Heridane a orillas del Océano primigenio, mientras ésta sostenía la llama de los Titanes en sus manos. Cuentan que Heridane vivió maravillosas aventuras en las profundidades marinas hasta poder entrevistarse con Undoré... pero son otras historias diferentes y por lo tanto son para otro momento...

Avael, por su parte, entrenó militarmente a los demonios de los Infiernos, pues había decidido que usaría sus poderes para conquistar el Universo del que había huido, aquel lugar que los Guardianes, aun esclavos de la voluntad de su Señor Demiurgo, se empeñaban en llamar Hogar. Dicen que tardó una eternidad en entrenar a su ejército y en hacer de los Infiernos su dominio absoluto, pero cuando por fin dio por concluida su conquista y la preparación de su ejército, dejó a su lugarteniente Asmodeo a cargo de los Infiernos y partió con tres cuartas partes de todos los demonios para atravesar el Abismo, que les separaba del Hogar de Demiurgo, y conquistarlo por cualquier medio posible, incluido el de la guerra si era necesario. Y fue entonces cuando decidió llamarse, a partir de aquel momento, Abozamel, el Señor del Abismo.

Cuando Heridane llegó por fin ante el trono de Undoré, en las profundidades marinas, ella le tendió el regalo de los Titanes, pero él lo despreció para abalanzarse sobre ella, pues durante su exilio echaba de menos el contacto femenino que hubiera obtenido cuando vivía junto a Serhara, y la belleza de Heridane despertó un lujurioso apetito en el Dios del Agua. Ella, viéndose acorralada, decidió hacer uso de la magia del regalo de los Titanes y de su fuego creó a los primeros umbríos para que la protegieran, un ejército ya preparado de altos elfos albinos, con fieros dientes aserrados, de negras y terroríficas armaduras metálicas y espadas y arcos tan negros como sus armaduras y sus corazones.

Tan bien protegieron a su creadora que los umbríos lograron poner de rodillas a Undoré y hacer que éste suplicara por su vida, vida que Heridane perdonó, primero para hacer que el Dios del Agua escuchara la historia que tenía que contarle. Le habló de su ex-esposa, Serhara, luego le contó todas las hazañas y peligros que ella misma había tenido que superar para llevarle la llama de los Titanes, por orden y deseo de su ex-esposa. Por último decidió dejarle aquel regalo de sus fallecidos hijos y abandonar el palacio de Undoré para no regresar jamás.

El Dios del Agua, aun con la espada de los umbríos en la garganta, ordenó a sus sirénidos y a sus kuo-toas que nadie pudiera salir de la sala del trono ni del palacio sin su permiso, y que si los umbríos llegasen a matarle que ellos acabaran, a su vez, con la vida de todos y cada uno de aquellos extranjeros asesinos.


Undoré


De ésta manera Undoré le dio la vuelta a la amenaza y estaban ahora a merced de los deseos del Dios del Agua que ordenó a los umbríos salir de sus dominios y no volver jamás y a Heridane le ordenó casarse con él y pasar el resto de la eternidad junto a él en su exilio, en las profundidades del Océano. Le recordó a la Guardiana del Camino Oculto que éste era su mundo, se encontraba en su reino, la Casa del Agua, y que si faltaba a su promesa y algún día le abandonaba para huir de sus votos matrimoniales arrasaría toda su superficie con terribles olas gigantescas y mandaría a sus sirénidos y a sus kuo-toas pasar a cuchillo a todos los que se encontraban fuera de los Océanos, ya fueran los umbríos o su ex-esposa, Serhara, la Creadora de Estrellas.

Heridane aceptó con una condición, que le dejara auxiliar a aquellas criaturas que había creado, los umbríos, cuando éstas se encontraran en necesidad ya que no tenían culpa alguna de sus decisiones, y que les permitiera aliviar su sed. Así es cómo los umbríos adoran a Heridane llamándola Merilkia, la Señora del Agua Dulce, la Compasiva.

Dicen que cuando Serhara se enteró del matrimonio entre Merilkia y Undoré la furia hizo que creara una maldición por la cual ninguno de los seres que habitan en la superficie pudieran llegar jamás al palacio submarino de Undoré y deleitarse con la belleza de la Señora del Agua. Dicen que es por eso que cuando un humanoide que no pertenezca al reino de Undoré se sumerge en el agua, no puede respirar y debe salir de forma pronta del elemento líquido. Pero los umbríos saben que nada ni nadie impide que Merilkia, la Compasiva, les visite y les otorgue sus bendiciones, cuando así es posible.

Pero ni Merilkia, ni ningún otro de los Guardianes, impidió que Avael, mientras tanto y recientemente autoproclamado Abozamel, entrara en el Universo con su inmenso ejército de demonios y, conociendo todos los puntos fuertes y los débiles del Hogar, atacase por sorpresa, primero a la Casa del Fuego, lugar de vigilia de Elamain, su hermano, el Señor de la Luz, el más poderoso de los Guardianes exceptuando al propio Abozamel. Elamain logró replegarse a la Casa de la Flora y la Fauna, lugar de vigilia de Belmine, el siguiente objetivo del Señor del Abismo que arrasó por completo, obligando a Belmine y a Elamain a replegarse en la Casa del Frío, allí donde vigilaba su hermana, Isderin, la Diosa del Invierno.

Ni aún siendo tres los Guardianes consiguieron frenar el ataque de Abozamel y sus demonios y, aunque lucharon con valentía y energía junto a los enanos, creados por Isderin, y a los elfos, creados por Belmine, finalmente tuvieron que huir para salvar sus vidas en la última y más débil de las Casas, la del Agua, allí donde Undoré guardaba el exilio interior impuesto por Demiurgo.

En la Casa del Agua fue donde la guerra de conquista de Abozamel tuvo que detenerse, pues ni él ni sus demonios sabían que fuera un lugar tan habitado y complejo. Allí vivía ahora y por segunda vez Serhara, la Creadora de Estrellas, quien llegó a un acuerdo con el Señor del Abismo con la esperanza de algún día poder vengarse de Merilkia y de Undoré y, aunque los umbríos adoraban a la Señora del Agua, reconocieron la superioridad y el poder de Abozamel como Señor del Universo, se arrodillaron ante él y juraron eliminar de la faz de la Tierra a todos sus enemigos, lo que incluía a Elamain, el Señor de la Luz, quien lleno de furia los maldijo con no poder soportar la luz del Sol, la linterna que había puesto en la Casa del Agua para iluminarla y alejar a sus enemigos de su Luz.

Abozamel contestó vengando a los umbríos cuando éstos le forjaron un arma mágica, una espada llamada "Sanguinolenta", con la que logró por fin matar a Elamain.

Éste fue el fin de la Guerra, los demás dioses supieron entonces quien era el verdadero Señor del Universo en ausencia de Demiurgo, el Eterno Durmiente, e hincaron finalmente la rodilla para reconocer a Abozamel como su Dueño y Señor.


Umbrío


Nota: ésta es la versión de los umbríos, la versión difiere en muuuuuchos aspectos de la de los elfos, que saben perfectamente que los umbríos no surgieron de la nada, sino que realmente hubo un tiempo en el que fueron parte de su pueblo, fueron altos elfos que comenzaron a desviarse del culto a Belmine y a Elamain para adorar a Abozamel y a otros demonios o Señores de los Demonios. Los enanos tienen su propia versión, con muchas más diferencias.

martes, 13 de febrero de 2018

DESTINO SOMBRÍO (1ª AVENTURA EN UMBRA)



DESTINO SOMBRÍO
(UNA AVENTURA EN UMBRA)


Dhermiz Dhel observa Crilsangre


Los pjs comienzan en Crilsangre, la ciudad que los umbríos conocen como Derakol. Más conocida por todos los que no son umbríos como Crilsangre, Derakol fue en sus inicios (hace decenas de miles de años) un enclave comercial donde mercaderes enanos, gnomos, duergar, y más tarde umbríos, se asentaron para dar entrada a mercancías que escaseaban en Umbra, así como para exportar de Umbra otros muchos productos extraños que sobraban en el país subterráneo pero no en la superficie.

Su nombre procede del umbrío "dera ma kolgor" que significa literalmente "crisol de sangres", el nombre con el que despectivamente se referían al principio a este enclave comercial. A pesar de su desprecio por el resto de las razas (con la excepción de los elfos, a ellos no los desprecian, directamente los odian) Derakol demostró ser desde el principio un lugar de importancia vital para Umbra, pues el país carecía de muchos bienes que sólo se podían obtener en la superficie. Así fue cómo creció el interés de las casas nobles umbrías y hubo una lucha de poderes intestina entre estas casas por obtener su control efectivo. Pero esa lucha no tuvo lugar en Crilsangre, sino a miles de kilómetros, en el centro de Umbra, en Montaña de Plata donde los nobles comenzaron a conspirar, traicionarse y asesinarse unos a otros para obtener los derechos de gobierno sobre el creciente puesto comercial que ya se estaba convirtiendo en una gigantesca e importantísima urbe.

De esta guerra interna surgió una casa noble vencedora, los Dhel, quienes no tardaron en trasladarse a las fronteras de Umbra para habitar por siempre aquel lejano lugar lleno de criaturas inferiores que estaban haciendo rica a Umbra sin necesidad de explotar ninguna mina ni de cultivar hongos.

Paradójicamente al mismo tiempo que la ciudad crecía los Dhel disminuían y varios milenios después sólo quedó uno, el último descendiente de una decadente familia de tiranos, menos tiranos que otros umbríos por el hecho de tener que tolerar a muchos otros diferentes a ellos mismos, pero tiranos al fin y al cabo. El último Dhel se llamaba, se sigue llamando, Dhermiz Dhel, el último de los grandes magos que fueron los Dhel, el último nigromante de su familia que en otros tiempos habían participado del gobierno de la antiquísima Montaña de Plata.

Pero Dhermiz no tiene más parientes, no hay más hembras Dhel con las que casarse, ni primas y mucho menos hermanas... Pero eso no le preocupa, nunca le ha preocupado, es uno de los mejores y mayores nigromantes de toda Umbra y puede desentenderse fácilmente de todas las necesidades materiales y mortales, hace más de dos mil años que gobierna Crilsangre y no es gracias a las pociones de inmortalidad que sustentan a otros nobles, no, Dhermiz se ha hechizado a sí mismo para convertirse en un no-muerto, es un liche, uno de los más poderosos de toda Umbra.

Con la llegada del inteligente (aunque despótico) Dhermiz Dhel al poder hubo muchas cosas que cambiaron a mejor en Crilsangre, por ejemplo, la seguridad. Dhermiz no creó al cuerpo de Linterneros, los guardias de la ciudad, pero sí que los "mejoró", al menos desde el punto de vista umbrío, pues Dhermiz convirtió a éstos guerreros-esclavos umbríos (solo a los umbríos les está permitido guardar la seguridad ya sea en Crilsangre o en cualquier otra ciudad umbría) en no-muertos. Todo el mundo sabe que buscarse problemas con los Linterneros es buscarse problemas con Dhermiz Dhel... y eso no es algo bueno... Todo el mundo sabe que los Linterneros no descansan, no duermen, no se distraen, no comen ni beben, no van al Barrio de los Pañuelos (el barrio de las prostitutas)... Ya me entendéis... ¡¡no puedes sobornarlos!! así que es mejor no robar ni asesinar a no ser que te asegures muy mucho de que los Linterneros no puedan cogerte o acusarte.

Así fue que cuando Dhermiz se hizo cargo del cuerpo de los Linterneros la criminalidad bajó en picado, los comerciantes ganan, los viajeros ganan, los esclavos ganan, las prostitutas ganan, los nobles ganan... todos salen ganando... ¿Qué más da que de vez en cuando Dhermiz le arranque el alma a un pobre esclavo escogido para almacenarla en su filacteria? Es un precio muy bajo a pagar por todo ello, al menos desde la moralidad y puntos de vista umbríos...

Pero toda ésta calma y estabilidad que Dhermiz ha luchado tanto por conseguir en Crilsangre se ha visto empañada por un individuo, un bardo, o al menos eso parece, la extraña y repugnante mezcla (desde el punto de vista umbrío) de un enano y un humano, un extranjero que procede de la superficie y que ha conquistado todos y cada uno de los corazones de la ciudad. Nadie sabe de dónde viene, nadie sabe su nombre, todos se refieren a él como el Poeta, el Medioenano, el Bardo o el Profeta. Tiene más de trescientos años de edad, eso sí lo ha llegado a decir, va desaliñado, lleva una espada larga en el cinto y un largo bastón de roble como únicas pertenencias, tiene la barba y el cabello blancos como un umbrío y es completamente ciego. Cada sábado desde hace diez años, cuando el reloj de Lanjanna marca las 22:00 de la noche, el Bardo va a una posada y cuenta una historia, nunca en diez años ha repetido la misma, algunas hablan de princesas de lejanos países imaginarios, otras son de terror y algunas son desternillantes pero siempre, siempre, consiguen su propósito que es emocionar, hacer llorar o reír.

Todas las posadas le dan alojamiento y comida gratuitos a cambio de la historia de la semana que repite, si se lo piden, durante los seis días siguientes y dicen que ve el futuro. Si uno paga una moneda de plata puede ir a verle a solas en su habitación y a cambio te revela cosas, cosas que van a ocurrirte, consejos para hacer realidad tus sueños... Todo, absolutamente todo lo que gana lo dona a los hospitales, a los orfanatos, a los templos e incluso a los burdeles.

Es peligroso, es en lo único que Dhermiz Dhel piensa, es su única preocupación desde hace diez años, le da esperanzas a los esclavos y eso no es bueno, llena sus corazones con cosas que no están hechas para ellos... pero no puede hacer nada, no puede arriesgarse a asesinarle, podría levantar a los ciudadanos contra él y sus Linterneros, él tiene el poder, sí, pero necesita a la gente a la que gobierna, necesita que sigan con sus monótonas vidas y sus monótonos trabajos... necesita seguir gobernando Crilsangre, gobierno que un maldito Medioenano le ha arrebatado.

miércoles, 28 de junio de 2017

UN APRENDIZ DE JEDI


EL APRENDIZ DE SITH

Darth Ghul abrió la tienda de campaña en la que su maestro meditaba en el lado oscuro de la Fuerza y entró como se le había ordenado. Darth Akdar se encontraba sentado frente a una mesa tosca de madera barnizada en color negro. Al ver entrar a su aprendiz, Akdar retiró hacia atrás la capucha de su capa negra para revelar el rostro de un chiss maduro que tenía arrugas en su piel azul, pero en su cabello no había una sola cana y seguía guardando un aspecto atractivo, varonil e idealizado, como solían hacerlo todos los chiss en sus edades maduras, lo que hacía siempre muy difícil averiguar cuales eran sus edades reales.

- Veo que has renovado tu vestuario, como te dije, y has construido dos sables láser de la manera que te enseñé. Muy bien, Darth Ghul, ha comenzado tu entrenamiento aunque me gustaría que supieses ahora la auténtica razón de por qué he decidido instruirte. ¿No vas a preguntarme? Pregunta, anda... Pregúntame ¿por qué he decidido instruirte?

- ¿Por qué has decidido instruirme, maestro? - obedeció Ghul.

- Tanto tu como yo le debemos lealtad a aquel que se hace llamar mi maestro, Darth Sidious, nuestro Emperador Sheev Palpatine, pero debes saber que él, siendo como es el ser más poderoso de la Galaxia, ya nos ha traicionado. - Akdar hizo una pausa antes de continuar mientras escudriñaba el rostro de Ghul con el ceño fruncido, buscando el menor atisbo de sorpresa, desagrado o ira. El rostro de Ghul seguía siendo una máscara impertérrita de absoluta indiferencia. Sintiéndose complacido Akdar siguió hablando. - Al igual que tu yo tuve otro nombre antes de obtener mi nombre Sith; fui en su día, y al igual que tu, un Jedi, fui un bibliotecario en concreto. Me llamaba por aquel entonces Lenrat Sephis y era uno de los muchos que estaban al cargo de los Archivos y de la Biblioteca en el Templo Jedi. Mi especialidad era la historia de los Sith y otros cultos del lado oscuro, historia y culto que Palpatine, Sidious, ha traicionado.

Darth Akdar aprovechó éstas palabras rotundas para hacer otra pausa mientras se levantaba y continuó su alegato mientras caminaba alrededor de Darth Ghul.

- Hace unos mil años existió un poderosísimo Sith llamado Darth Bane... ¿Has oído hablar de él? Sería muy raro si no fuera así... - Ghul respondió afirmativamente y su maestro continuó hablando - Bien, muy bien, pues fue Darth Bane - aquel al que muchos consideramos como el Sith'Ari, el Elegido - quien impuso la Regla de Dos. Esto es: solo puede haber dos Sith al mismo tiempo, un maestro y un aprendiz. Pues Darth Sidious, nuestro Emperador Palpatine, no solo ha roto ésta regla, sino que no piensa cumplirla... Verás, Bane consideraba que el poder de la Fuerza no era como el fuego, sino que su poder era como el veneno... Es decir, él consideraba que el poder de la Fuerza no podía multiplicarse como el fuego, aquel que tuviese la "antorcha de la Fuerza" si pasaba ése fuego a otra "antorcha" el fuego no ardería con la misma intensidad, ése fuego se diluiría y, si se dividía demasiado, finalmente desaparecería... Por ésta razón Bane asimilaba la Fuerza al veneno, si un veneno lo divides muchas veces deja de ser eficaz y letal y dejar de ser lo que en un principio fue: veneno.

Darth Akdar hizo otra pausa, esta vez dio la espalda a su aprendiz, sabiendo que podía confiar en él, ya que éste aún tenía mucho que aprender con su ayuda y que él mismo también necesitaría de las habilidades de su aprendiz y de su colaboración en las pruebas a las que deberían enfrentarse juntos en un futuro muy próximo.

- Debes saber, Ghul, que el Emperador tiene muchos, muchos más aprendices de los necesarios, pero lo que es aún más blasfemo, no tiene intención de legar su poder a ninguno de ellos, no tiene intención de aportar ni un ápice de su conocimiento a sus aprendices ni de pasar el testigo a otro Sith. En definitiva, Darth Sidious tiene intención de ser inmortal. Ha "secuestrado" un planeta entero, lo ha "escondido" para el resto de la Galaxia llenándolo y saturándolo con ingentes cantidades de poder del lado oscuro y allí está construyendo su fábrica personal de clones de sí mismo. De ésta manera transferirá su espíritu y conciencia a uno de sus clones cuando se sienta morir y será, a todos los efectos, inmortal. Esto es una blasfemia contra los Sith y un insulto a su historia y su tradición. Debes saber que tu última prueba como mi aprendiz, la última prueba que todo Sith ha de pasar, impuesta por el mismísimo Darth Bane, es matarme, si puedes claro. Todo aprendiz debe saber, al iniciar su entrenamiento, cual será su última prueba y todo maestro debe saber que morirá asesinado por su aprendiz. Nada más importa. La supervivencia de la Orden Sith está por encima de todo, incluida tu vida o la mía ¿lo has comprendido Darth Ghul?

- Lo he comprendido, maestro, al finalizar mi entrenamiento debo matarte, ésa será la última de las pruebas a las que seré sometido... y tu final. También he comprendido que, aunque tenemos que aparentar ser leales al Emperador, él es un traidor para nosotros y deberemos prescindir de su ayuda.

- Si, muy bien, Darth Ghul, lo has comprendido, pero hay una cosa más que debes saber y es que ni yo ni el Emperador en persona lo sabemos todo. - Darth Akdar siguió hablando mientras caminaba hacia la mesa, donde abrió un cajón. - Debes saber también que hay secretos de los Sith que no pueden legarse a sólo un Sith, que deben ser compartidos o, de lo contrario, seguirán durmiendo para siempre, esperando al maestro y al aprendiz que sean lo suficientemente inteligentes, osados y poderosos como para colaborar y llegar más lejos que ninguno de sus predecesores. - Del cajón que había abierto Akdar sacó una rara y pequeña pirámide cristalina de color rojo, del tamaño de un puño, con símbolos extraños y arcanos grabados en cada uno de sus lados.

- Esto que ves aquí es el holocrón de Sorzus Syn. - Siguió explicando Akdar. - El Emperador en persona me lo dio, cansado de investigarlo, siendo incapaz de abrirlo solo o de descifrar sus secretos sin ayuda. Su egoísmo es nuestra ganancia, Ghul... ¿Sabes lo que es un holocrón, verdad Ghul? Fuiste guardián de Templo Jedi, y de uno importante, así que tienes que saberlo...

- Si, maestro, un holocrón es un artefacto o un receptáculo donde un Sith... o un Jedi, deja parte de su esencia vital y de su memoria para que otros puedan aprender de sus enseñanzas muchos, muchos años después de que el Sith o el Jedi en cuestión hayan fallecido.

- Si, si, eso es Darth Ghul. - Respondió el chiss. - Pues éste en concreto tiene entre seis mil y cinco mil años de antigüedad, mi aprendiz, perteneció a una de las primeras Jedi oscuras, una de los primeros Sith - tal y como los conocemos hoy en día -  contiene la memoria y parte de la esencia vital de Sorzus Syn, la Alquimista, y solo puede abrirse si tu y yo colaboramos.


Darth Akdar



UNA MISIÓN REBELDE

Jace Jukassa pilotaba su caza estelar Ala-X T-65 surcando los cielos de Tylos, el planeta repleto de océanos en el interior del Cúmulo de Jaga, muy próximo a la base rebelde que se encontraba en el cercano planeta de Jagomir.

Al igual que el selvático Jagomir, el planeta de Tylos estaba inexplorado y era una completa incógnita para el conjunto de la Galaxia ya que su ubicación en el interior del Cúmulo de Jaga hacía muy difícil y peligroso el viaje hiperespacial hasta aquel rincón del universo. Era necesario saltar al hiperespacio casi una docena de veces para llegar y en cada uno de los saltos había que hacer ajustes precisos para no acabar impactando contra un cúmulo de gases peligrosos o una nube de asteroides, así que sólo los pilotos más hábiles y audaces (o también los más temerarios y locos) como Jace eran capaces de atreverse a realizar aquella misión de reconocimiento.

Aquella misión era ciertamente extraña, había rumores de otros pilotos rebeldes exploradores que decían haber visto naves del Imperio en Tylos, lo cual era desconcertante y digno de auténtica preocupación. Si el Imperio había llegado a aquel planeta podía llegar, de igual manera, a Jagomir, encontrar la base rebelde Resolución y acabar con la célula rebelde a la que Jace pertenecía.

Jace Jukassa estaba al mando del Escuadrón Vórtice y no pensaba salir de la atmósfera de Tylos sin averiguar a ciencia cierta si el Imperio había llegado tan lejos. Llevaban horas de patrulla sobre el océano y se acercaba la noche así que Jace ordenó a su escuadrón aterrizar en una de las islas y continuar con el reconocimiento por la mañana. Improvisaron un campamento y establecieron guardias para estar alerta ante cualquier indicio imperial o ante cualquier otro peligro imprevisto.

Pero lo imprevisto no sucedió fuera, sino dentro de la cabeza de Jace, quien sufrió unos extraños sueños con imágenes y voces muy vívidas y reales...

- "Jace..." - Le llamaba la voz de un anciano. - "Jace Jukassa..." - Repetía una y otra vez aquella voz mientras veía imágenes de un pequeño ser, un alienígena de pequeño tamaño, parecido a un pájaro antropomorfo, que se apoyaba en un largo bastón de madera lleno de extrañas curvas y que tenía el cuerpo cubierto de plumas blancas.

- "El Maestro Retell te está buscando" - Decía otra voz masculina mientras veía imágenes de un hombre joven sonriente de piel negra, poco mayor que él, vestido con ropas caras y glamurosas. Una sensación cálida y placentera llenó su mente y supo al instante que aquel hombre no le era hostil, era... o sería, cuando lo conociera por fin, un amigo...

- "El Maestro Retell..." - Escuchó esta vez una voz femenina mientras veía imágenes de una alta alienígena de enorme cuerpo mitad pez, mitad serpiente, mitad humano... Sus escamas azules refulgían con las luces del panel de mandos de una cabina de piloto... - "El Maestro Retell..." - Repitió la voz de la extraña alienígena. - "El Maestro Retell te necesita..."

Jace despertó. "El Maestro Retell", pensó para sí mismo... ¿Quién era el Maestro Retell? ¿Sería un maestro de Jedi? Hacía doce años que había muerto Dúnawax Suu Quol, su antiguo tutor, su antiguo maestro, el anciano Caballero Jedi que le había regalado su sable de luz cuando murió. El anciano Suu Quol le había enseñado unos cuántos trucos mentales que Jace había usado todos estos años para pilotar mejor que ningún otro rebelde... Hacía doce años que no sabía nada de los Jedi y hacía seis que había perdido la esperanza, no sólo de encontrar otro maestro, sino de encontrar jamás a ningún otro Jedi...

¡Un momento! ¡La cabina de la nave que pilotaba la alienígena de escamas azules! ¡¡¡Conocía aquella nave!!! ¡¡¡Era la cabina de piloto de una Lanzadera imperial clase Lambda!!!

Jace se levantó y se puso el traje de piloto. Tenía que encontrar aquella nave, debía encontrarla, "algo" en su fuero interno lo acuciaba a llegar hasta la Lanzadera imperial pilotada por la extraña alienígena de escamas azules y "algo" le decía dónde podía estar... ése "algo" tiraba de él con una fuerza irresistible. Dos de sus compañeras pilotos, aquellas subordinadas suyas a las que les tocaba hacer guardia, se levantaron alarmadas al ver a su superior vestido y preparado para el combate aéreo.

- ¿Qué pasa, Jace? - Le preguntó Mercedes Vanadíaz. - ¿Nos ponemos todos en marcha?

- No, no, Mercedes, no pasa nada... Tu y los demás quedaros aquí, yo creo que he dejado pasar algo por alto... En alguna de las islas que ayer sobrevolamos... Tengo una corazonada...

- Vale, entonces deja que despertemos al resto de los chicos y que vayamos un par de nosotros contigo, no voy a permitir que nuestro superior corra ningún riesgo innecesario. - Expuso la cabo Lira Nerdeker, la mejor amiga de Mercedes Vanadíaz.

- ¡No! - Incluso Jace se asustó de la propia violencia de su contestación e intentó mostrarse más calmado cuando volvió a abrir la boca. - No, quiero decir que no es necesario Lira, mira éstas serán mis coordenadas - Jace se acercó a un módulo de datos, tecleó unos números y apareció un holograma con forma de mapa. Con un círculo rojo parpadeaba el lugar en el que se encontraban, luego se amplió el mapa y Jace marcó una isla a unos ciento cincuenta kilómetros hacia el este de donde se encontraban con un círculo azul parpadeante. - Aquí podréis encontrarme, cada hora en punto mandaré una señal, si de repente no recibierais mi señal podéis venir a éstas coordenadas e investigar lo que me ha ocurrido, además, tengo a Erre Tres para cubrirme las espaldas.

- Muy bien, como quieras pero ¿podemos saber por qué tanto secretismo? ¿Qué es lo que pasa? ¿Qué es lo que hay en esa isla y qué no podemos saber? - Preguntó Lira.

- Creo que sé por qué se han visto sobrevolando en estos cielos a naves del Imperio y creo que sé quienes las están pilotando pero no pertenecen al Nuevo Orden, deben ser naves que han robado. Me están buscando a mí y tengo que ir solo, chicas.

Mercedes Vanadíaz y Lira Nerdeker se miraron la una a la otra y luego centraron su atención en su superior.

- Puede ser una trampa. - Dijo Mercedes.

- No, no creo que sea una trampa, podéis estar tranquilas, creo que es gente que necesita a la Alianza Rebelde, gente que me necesita a mi, aun no sé por qué, pero lo descubriré y regresaré.


El Escuadrón Vórtice

jueves, 8 de junio de 2017

CRÍTICA SOBRE LA NOVELA "DARTH BANE. REGLA DE DOS"


Portada de la novela


Acabo de leer el libro "Darth Bane. Regla de Dos" y me ha gustado mucho, como aficionado a la saga de Star Wars primero y como lector de novelas de ciencia-ficción y fantasía en segundo lugar, recomiendo su lectura sobretodo para los aficionados a Star Wars, pero hay ciertos aspectos que podrían haberse cuidado mucho más para que ciertas partes de la historia no hubieran quedado tan forzadas, así como que la inclusión de ciertos personajes, sus caracteres y decisiones fueran más creíbles y realistas, y me estoy refiriendo en concreto a todo lo que tiene que ver con los Jedi.

Es cierto que Darth Bane, el único Lord Sith superviviente de la batalla de Ruusan y su aprendiz, la joven Darth Zannah, son los protagonistas absolutos de la historia, obviamente si fuera de otra forma la novela tendría otro título y no llevaría el nombre del Lord de los Sith en la portada, pero me ha decepcionado el papel y tratamiento que en la novela se les da a los Jedi.

Al parecer, y según ésta novela, el mero hecho de ser un Jedi, es decir, de pensar en y por el bien común, de forma altruista, sanadora, apaciguadora y diplomática... el mero hecho de pensar como lo haría un Jedi (en contraste a como lo hace generalmente un Sith, es decir, de forma egoísta, individualista, oportunista, agresiva, coercitiva, intimidatoria y violenta) pues hace a los Jedis simplemente estúpidos. Esto no sólo no me ha gustado, sino que además me ha parecido muy poco realista y creíble.


La bomba de pensamiento
La bomba de pensamiento pone fin a la Segunda Guerra Sith en la Batalla de Ruusan


Tal vez yo personalmente no crea en la Fuerza ni en los Jedi como religión real, pero sí estoy de acuerdo absolutamente con sus ideales... Al menos hasta que aparecieron las denominadas y superconocidas "precuelas" de Star Wars, donde comenzamos a ver un estereotipo que recoge ésta novela y es el del Jedi como un mero soldado-monje estúpido armado con una espada láser y que posee poderes sobrenaturales.

Le debemos a ésa despreciable trilogía de películas producidas, guionizadas y dirigidas por el mayor fraude como director del mundo (George Lucas) la visión de una Orden Jedi compuesta por unos gilipollas con túnicas armados con armas futuristas de cuerpo a cuerpo y que se creen guerreros o soldados por el mero hecho de tener una espada que brilla y poder dar saltos de superhéroes.

Si, éste Jedi estúpido encaja con la descripción de las citadas "precuelas" porque, como vimos en el final de "El Ataque de los Clones", solo el peor estratega de la historia podría haber diseñado un plan de ataque al planeta Geonosis donde se arriesga la vida de casi todos los Jedis en un ataque a un recinto (como lo es la Arena geonosiana) donde pueden ser presa fácil de una emboscada y no sólo eso, donde es muy seguro que muchos de ellos vayan a morir, demostrando así un auténtico desprecio por lo que deberían respetar más que ninguna otra cosa, la vida, sus vidas... sobretodo cuando son conscientes de que éstas vidas poseen un don extraño, irreemplazable y valioso, el don de conectar con la Fuerza.

Cartel de "El Ataque de los Clones"


De ésta manera a algún estratega de los Jedi (¿por qué no decir que tal vez al mejor de sus estrategas?) se le ocurre pensar que es un buen plan arriesgar la vida de sus Maestros y aprendices (de todos, eso es, con un par) dentro de un recinto fácil de rodear y nada fácil de defender... Así que cualquier espectador se lleva la impresión lógica de que los Jedi son rematadamente idiotas.


¡¡¿POR QUÉ GEORGE LUCAS? ¿POR QUÉ NOS HAS HECHO ESTO?!! (si ya lo sé por qué lo has hecho... por dinero, puro, asqueroso y sucio dinero y por ello te odiaré hasta el día de mi muerte).

No puedo estar en mayor desacuerdo con la idea de que los Jedis, por el mero hecho de ser Jedis, tengan que ser estúpidos. A ver... Cuando ha finalizado la Guerra con la Hermandad de la Oscuridad de los Sith en la superficie de Ruusan tras la explosión de la bomba de pensamiento ¿realmente a ninguno de los Caballeros Jedi se le ocurre peinar el planeta hasta la última puta piedra por si no fuera a haber otro Sith superviviente por ahí? ¿De verdad que sólo se le ocurre tal cosa a un jovencito "padawan" insignificante llamado Johun Othone? ¿De verdad sólo se me ocurre a mí generar un bloqueo con una flota de naves espaciales para que absolutamente ninguna de las naves que entre o salga del planeta de Ruusan lo haga sin autorización? A mi me parece que todo esto podría ser igual de compatible siendo el mayor defensor de la vida, el altruismo, la democracia, la sanación y el conocimiento de una Galaxia llena de Jedis incompetentes...


Darth Zannah
Darth Zannah


Sin embargo, y tal y como ocurre en la novela, el ejército Jedi, nada más acabar la Guerra con los Sith, está dispuesto a volver corriendo a Coruscant, la capital Galáctica, para hacerse cargo de los cambios políticos inmediatos de la República dejando las labores de "limpieza" y reconstrucción a civiles y nativos de Ruusan ... ¿Es que no hay algún escritor o guionista que haya estado en una guerra real? Aunque es evidente que yo no, creo muy normal que el ejército vencedor es el primer interesado en reconocer el terreno, "limpiarlo" y reconstruirlo, porque es muy probable que si le das la espalda a un enemigo al que crees vencido éste podría apuñalarte con facilidad si no has comprobado que sí, efectivamente, está neutralizado y ya no es una amenaza para nadie y sobretodo, y lo que es más importante, para uno mismo...

Claro que Drew Karpyshyn, el escritor de la novela en cuestión, podría decirme... "ya majo, pero ¿y qué hago con el protagonista? ¿Lo mato al principio y ya está, acabo la novela más corta del mundo dejándola en diez páginas?" No es cuestión de eso, no, estrujase usted un poco la cabeza, señor Karpyshyn, lo uno puede ser fácilmente compatible con lo otro si usamos la imaginación...

Pongamos que en el libro que Darth Bane y Zannah encuentran al principio en Ruusan se describe el encantamiento que años más tarde usaría la aprendiz para enmascarar su poder del lado oscuro haciéndolo pasar por poder luminoso cuando logra entrar en el Templo Jedi. Sería interesante leer cómo durante las semanas o meses en las que Darth Bane, y/o su aprendiz, tratan de dominar el hechizo tienen que esconderse en la superficie del planeta, siendo peinado constantemente por patrullas Jedi... Sería más realista y creíble que tras un tiempo de penurias y sufrimientos en Ruusan, sintiéndose completamente acorralados, cuando por fin logren dominar el hechizo, se hagan pasar por Jedis y engañen las mentes de sus enemigos haciendo creer que realmente pertenecen a su Orden, roben una nave y sus datos y pasen un control como al que se ven sometidos Han Solo, Chewbacca, Luke Skywalker y Leia Organa en el principio de "El Retorno del Jedi" cuando tratan de llegar a Endor, pero a la inversa... o como el control al que se ve sometido el carguero rebelde robado "Rogue One" cuando los protagonistas de la película homónima tratan de llegar a las instalaciones imperiales de Scariff...


Cartel de "Rogue One"


En fin... esto es solo un ejemplo de cómo podrían haber transcurrido las cosas en la novela, señor Karpyshyn, sin necesidad de hacer pasar a los Jedis como rematados estúpidos sin un ápice de la sabiduría que se les supone y, además, sería una excusa narrativa muy buena para que los protagonistas, los citados Darth Bane y Darth Zannah, les guardasen un rencor sin igual a los Jedis...


Pero en fin, señor Karpyshyn, algunos tienen el raro privilegio de poder escribir hechos canónicos del "universo expandido" de Star Wars y yo no soy uno de ellos, pero recuerde que los Jedis no son estúpidos, sólo algunos (como usted y George Lucas) se empeñan en que lo sean y en que, innecesariamente, tengan que serlo...


Darth Bane y Darth Zannah


domingo, 4 de junio de 2017

DRAUGOR, SEÑOR DE LOS HUARGOS



Estandarte del Dragón



Notas previas:

Ésta es la continuación de la historia de un personaje que hice para una campaña del juego de rol "El Señor de los Anillos", que mi hermano hace años iba a ambientar en la Primera Edad de la Tierra Media que J. R. R. Tolkien narró en su libro "El Silmarillion" (en base a textos recopilados por su hijo, quien fue también responsable de su edición).

Tras un desengaño amoroso borré la historia del personaje que narraba los primeros siglos de vida de un Elfo Noldo que había nacido en Valinor con el nombre de Taralmië, que siguió a Fëanor a la Tierra Media y que fue prisionero de los siervos de Morgoth en su fortaleza de Angband. 

Estoy intentando reescribir la historia original pero me está costando más de lo que había creído. Tras ver impresionantes vídeos de la segunda parte del videojuego "Shadow of Mordor", llamada "Shadow of War", se me ha ocurrido ésta continuación de aquella historia y de su protagonista, el Elfo Noldo que, tras escapar de su cautiverio en Angband gracias al poder de un anillo mágico, abandona su antiguo nombre y adopta el de Draugor (en sindarin significa "temor de lobo").


Portada de "El Silmarillion"


Mapa de la Tierra Media en la Primera Edad


Mapa de las Ered Wethrin y sus alrededores



IV

Estaban acorralados... Por el norte las tropas de Eithel Sirion, con mercenarios enanos en sus filas, avanzaban contra su retaguardia y por el sur las tropas de Gondolin, ayudadas por el propio Thorondor, el Rey de las Águilas, y muchas de sus súbditas, avanzaban contra su vanguardia.

De nada sirvió que Draugor y su lugarteniente Morlarak se adelantasen para parlamentar con las tropas de Turgon y explicarles que, a pesar de ser un ejército de Orcos, Huargos y Dragones, su enemigo era el mismo, Sauron el Impostor. Las Águilas se lanzaron sin mediar palabra contra los dragones que iban en vanguardia, Dornimraug, el Terror de las Profundidades, y su hermano Farothaurog, el Cazador Terrible. Por su parte los dragones que iban en retaguardia, Gwathorod, la Sombra de la Montaña, y su hijo Naurcárak, Colmillo de Fuego, fueron emboscados por los cazadores de dragones enanos que luchaban por Eithel Sirion.

- ¡Malditos Elfos estúpidos! - Gritó Draugor. - ¡Avanzamos para luchar contra su enemigo y mira cómo nos lo pagan! ¡Sangramos, sudamos, sufrimos y morimos por luchar contra Sauron y así nos lo pagan! ¡Malditos seáis! ¡¿Me oís estúpidos Elfos?! ¡Yo os maldigo!

Pero ninguna maldición ni ningún insulto impidió que Dornimraug muriera bajo las garras de las Águilas y que los cazadores de dragones enanos mataran a Naurcárak y espantasen a su madre, Gwathorod, quien, con un hacha clavada en un costado, salió volando a toda velocidad hacia el norte, buscando la protección de la única guarida que conocía, huyendo del dolor físico que estaba sufriendo y del dolor mental y psicológico de ver morir a dos de sus hijos.

El ataque combinado de Eithel Sirion y Gondolin tuvo tanto éxito que los Orcos y los Huargos de la Mano Ensangrentada no tuvieron otro remedio que replegarse hacia los pantanos de Serech, donde continuaron muriendo sin demasiada oposición durante toda la noche.

La luz de la mañana encontró a Draugor observando el cadáver de Dornimraug, el dragón de escamas blancas que en vida fuera majestuoso, hermoso y gigantesco, parecía ahora un simple, aunque enorme, amasijo de carne amorfa, sucia y ensangrentada. El elfo albino observaba al dragón que había perecido junto a sus propias esperanzas con la armadura, la ropa, el cabello y la piel sucias con el mismo barro que ensuciaba las escamas blancas de Dornimraug.

Morlarak, el capitán Orco y lugarteniente de Draugor atravesó el campo de batalla y se acercó a su comandante, que estaba de pie, inmóvil, delante del cadáver de uno de sus últimos aliados, un dragón que ya no les ayudaría a conquistar Tol Sirion ni a expulsar de la isla al siervo de Morgoth, Sauron, aquel al que los Elfos Sindar conocían como Gorthaur el Cruel.

- A los Elfos no les ha salido gratis la victoria, mi Señor, aquí hay tres Águilas muertas, las que mató éste dragón antes de caer, y más al oeste hay otras tres, las que mató el dragón que sobrevivió, el de las escamas verdes, quiere hablar con usted.

- Que se acerque y que diga lo que tenga que decir. - Fue la respuesta de Draugor.

Ante un gesto de Morlarak, Farothaurog, el Cazador Terrible de escamas verdes se aproximó a grandes zancadas que arrancaron temblores de la tierra que pisaba.

- He vengado la muerte de mis hermanos, maté a muchas de las Águilas que fueron lo suficientemente estúpidas como para atacarme y me comí a la mitad de los enanos, todos los que pude antes de que salieran corriendo como las ratas cobardes que son. Ya no tengo nada más que hacer aquí, ahora mi madre me necesita, ha perdido a todos sus hijos menos a mí y tengo que ayudarla. Me marcharé para siempre Elfo, ya hemos hecho la guerra por ti y la hemos perdido. Adiós. - Fueron las últimas palabras que Draugor escuchó del último aliado entre los dragones que le quedaba.

- Adiós. - Contestó el Elfo de forma lacónica y sin darse la vuelta.

El dragón desplegó sus enormes alas correosas, se elevó en el aire como si su peso fuera ínfimo y desapareció.

- No se usted pero yo he despachado a unos cuantos Elfos, mi Señor. Ellos se han salido con la suya, si, de eso no hay duda, impedir nuestro avance hacia el sur, pero como le he dicho no les ha salido gratis, entre los "orejas picudas" tienen hoy a más de una viuda llorando a sus muertos. - Fueron las únicas palabras de ánimo que el Orco pudo inventar para su comandante.

- Si, si, Morlarak, yo mismo maté a unas cuantas decenas de Noldor ésta noche, y pude regocijarme con sus miradas de asombro cuando vieron y sintieron cómo uno de los suyos hundía una espada forjada por ellos mismos en el interior de sus asquerosas entrañas. Puse especial empeño en que cada golpe que derribaba a uno de nuestros enemigos les produjese una muerte lenta y dolorosa. ¡Oh, los he hecho sufrir, Morlarak, ya lo creo que si! Pero nos han vencido, es hora de regresar a casa.

- ¿A casa? ¿Os referís a regresar a las llanuras de Ladros?

- Si, Morlarak, a Ladros, a la cordillera occidental de las Ered Gorgoroth, al norte del Paso de Aglon. Regresaremos como los hijos desdichados que somos al regazo de una madre piadosa y Maedhros en persona me abrazará como el hermano desvalido que soy. Si no puedo ser Señor de los Elfos él lo será por mí, Morlarak, y tendré mis tierras, tal vez no para los Elfos, pero vosotros los Orcos, y sobretodo Morgoth, mi encarnizado Enemigo, sabréis quién es realmente el Señor de Himring. - Con una sonrisa maligna Draugor levantó el puño izquierdo enfundado en un guantelete ensangrentado.

Morlarak creyó ver por un instante cómo el puño izquierdo de su Señor brillaba con un fulgor plateado pero pestañeó y la ilusión se desvaneció mientras intentaba reprimir un escalofrío de terror.