jueves, 8 de junio de 2017

CRÍTICA SOBRE LA NOVELA "DARTH BANE. REGLA DE DOS"


Portada de la novela


Acabo de leer el libro "Darth Bane. Regla de Dos" y me ha gustado mucho, como aficionado a la saga de Star Wars primero y como lector de novelas de ciencia-ficción y fantasía en segundo lugar, recomiendo su lectura sobretodo para los aficionados a Star Wars, pero hay ciertos aspectos que podrían haberse cuidado mucho más para que ciertas partes de la historia no hubieran quedado tan forzadas, así como que la inclusión de ciertos personajes, sus caracteres y decisiones fueran más creíbles y realistas, y me estoy refiriendo en concreto a todo lo que tiene que ver con los Jedi.

Es cierto que Darth Bane, el único Lord Sith superviviente de la batalla de Ruusan y su aprendiz, la joven Darth Zannah, son los protagonistas absolutos de la historia, obviamente si fuera de otra forma la novela tendría otro título y no llevaría el nombre del Lord de los Sith en la portada, pero me ha decepcionado el papel y tratamiento que en la novela se les da a los Jedi.

Al parecer, y según ésta novela, el mero hecho de ser un Jedi, es decir, de pensar en y por el bien común, de forma altruista, sanadora, apaciguadora y diplomática... el mero hecho de pensar como lo haría un Jedi (en contraste a como lo hace generalmente un Sith, es decir, de forma egoísta, individualista, oportunista, agresiva, coercitiva, intimidatoria y violenta) pues hace a los Jedis simplemente estúpidos. Esto no sólo no me ha gustado, sino que además me ha parecido muy poco realista y creíble.


La bomba de pensamiento
La bomba de pensamiento pone fin a la Segunda Guerra Sith en la Batalla de Ruusan


Tal vez yo personalmente no crea en la Fuerza ni en los Jedi como religión real, pero sí estoy de acuerdo absolutamente con sus ideales... Al menos hasta que aparecieron las denominadas y superconocidas "precuelas" de Star Wars, donde comenzamos a ver un estereotipo que recoge ésta novela y es el del Jedi como un mero soldado-monje estúpido armado con una espada láser y que posee poderes sobrenaturales.

Le debemos a ésa despreciable trilogía de películas producidas, guionizadas y dirigidas por el mayor fraude como director del mundo (George Lucas) la visión de una Orden Jedi compuesta por unos gilipollas con túnicas armados con armas futuristas de cuerpo a cuerpo y que se creen guerreros o soldados por el mero hecho de tener una espada que brilla y poder dar saltos de superhéroes.

Si, éste Jedi estúpido encaja con la descripción de las citadas "precuelas" porque, como vimos en el final de "El Ataque de los Clones", solo el peor estratega de la historia podría haber diseñado un plan de ataque al planeta Geonosis donde se arriesga la vida de casi todos los Jedis en un ataque a un recinto (como lo es la Arena geonosiana) donde pueden ser presa fácil de una emboscada y no sólo eso, donde es muy seguro que muchos de ellos vayan a morir, demostrando así un auténtico desprecio por lo que deberían respetar más que ninguna otra cosa, la vida, sus vidas... sobretodo cuando son conscientes de que éstas vidas poseen un don extraño, irreemplazable y valioso, el don de conectar con la Fuerza.

Cartel de "El Ataque de los Clones"


De ésta manera a algún estratega de los Jedi (¿por qué no decir que tal vez al mejor de sus estrategas?) se le ocurre pensar que es un buen plan arriesgar la vida de sus Maestros y aprendices (de todos, eso es, con un par) dentro de un recinto fácil de rodear y nada fácil de defender... Así que cualquier espectador se lleva la impresión lógica de que los Jedi son rematadamente idiotas.


¡¡¿POR QUÉ GEORGE LUCAS? ¿POR QUÉ NOS HAS HECHO ESTO?!! (si ya lo sé por qué lo has hecho... por dinero, puro, asqueroso y sucio dinero y por ello te odiaré hasta el día de mi muerte).

No puedo estar en mayor desacuerdo con la idea de que los Jedis, por el mero hecho de ser Jedis, tengan que ser estúpidos. A ver... Cuando ha finalizado la Guerra con la Hermandad de la Oscuridad de los Sith en la superficie de Ruusan tras la explosión de la bomba de pensamiento ¿realmente a ninguno de los Caballeros Jedi se le ocurre peinar el planeta hasta la última puta piedra por si no fuera a haber otro Sith superviviente por ahí? ¿De verdad que sólo se le ocurre tal cosa a un jovencito "padawan" insignificante llamado Johun Othone? ¿De verdad sólo se me ocurre a mí generar un bloqueo con una flota de naves espaciales para que absolutamente ninguna de las naves que entre o salga del planeta de Ruusan lo haga sin autorización? A mi me parece que todo esto podría ser igual de compatible siendo el mayor defensor de la vida, el altruismo, la democracia, la sanación y el conocimiento de una Galaxia llena de Jedis incompetentes...


Darth Zannah
Darth Zannah


Sin embargo, y tal y como ocurre en la novela, el ejército Jedi, nada más acabar la Guerra con los Sith, está dispuesto a volver corriendo a Coruscant, la capital Galáctica, para hacerse cargo de los cambios políticos inmediatos de la República dejando las labores de "limpieza" y reconstrucción a civiles y nativos de Ruusan ... ¿Es que no hay algún escritor o guionista que haya estado en una guerra real? Aunque es evidente que yo no, creo muy normal que el ejército vencedor es el primer interesado en reconocer el terreno, "limpiarlo" y reconstruirlo, porque es muy probable que si le das la espalda a un enemigo al que crees vencido éste podría apuñalarte con facilidad si no has comprobado que sí, efectivamente, está neutralizado y ya no es una amenaza para nadie y sobretodo, y lo que es más importante, para uno mismo...

Claro que Drew Karpyshyn, el escritor de la novela en cuestión, podría decirme... "ya majo, pero ¿y qué hago con el protagonista? ¿Lo mato al principio y ya está, acabo la novela más corta del mundo dejándola en diez páginas?" No es cuestión de eso, no, estrujase usted un poco la cabeza, señor Karpyshyn, lo uno puede ser fácilmente compatible con lo otro si usamos la imaginación...

Pongamos que en el libro que Darth Bane y Zannah encuentran al principio en Ruusan se describe el encantamiento que años más tarde usaría la aprendiz para enmascarar su poder del lado oscuro haciéndolo pasar por poder luminoso cuando logra entrar en el Templo Jedi. Sería interesante leer cómo durante las semanas o meses en las que Darth Bane, y/o su aprendiz, tratan de dominar el hechizo tienen que esconderse en la superficie del planeta, siendo peinado constantemente por patrullas Jedi... Sería más realista y creíble que tras un tiempo de penurias y sufrimientos en Ruusan, sintiéndose completamente acorralados, cuando por fin logren dominar el hechizo, se hagan pasar por Jedis y engañen las mentes de sus enemigos haciendo creer que realmente pertenecen a su Orden, roben una nave y sus datos y pasen un control como al que se ven sometidos Han Solo, Chewbacca, Luke Skywalker y Leia Organa en el principio de "El Retorno del Jedi" cuando tratan de llegar a Endor, pero a la inversa... o como el control al que se ve sometido el carguero rebelde robado "Rogue One" cuando los protagonistas de la película homónima tratan de llegar a las instalaciones imperiales de Scariff...


Cartel de "Rogue One"


En fin... esto es solo un ejemplo de cómo podrían haber transcurrido las cosas en la novela, señor Karpyshyn, sin necesidad de hacer pasar a los Jedis como rematados estúpidos sin un ápice de la sabiduría que se les supone y, además, sería una excusa narrativa muy buena para que los protagonistas, los citados Darth Bane y Darth Zannah, les guardasen un rencor sin igual a los Jedis...


Pero en fin, señor Karpyshyn, algunos tienen el raro privilegio de poder escribir hechos canónicos del "universo expandido" de Star Wars y yo no soy uno de ellos, pero recuerde que los Jedis no son estúpidos, sólo algunos (como usted y George Lucas) se empeñan en que lo sean y en que, innecesariamente, tengan que serlo...


Darth Bane y Darth Zannah


domingo, 4 de junio de 2017

DRAUGOR, SEÑOR DE LOS HUARGOS



Estandarte del Dragón



Notas previas:

Ésta es la continuación de la historia de un personaje que hice para una campaña del juego de rol "El Señor de los Anillos", que mi hermano hace años iba a ambientar en la Primera Edad de la Tierra Media que J. R. R. Tolkien narró en su libro "El Silmarillion" (en base a textos recopilados por su hijo, quien fue también responsable de su edición).

Tras un desengaño amoroso borré la historia del personaje que narraba los primeros siglos de vida de un Elfo Noldo que había nacido en Valinor con el nombre de Taralmië, que siguió a Fëanor a la Tierra Media y que fue prisionero de los siervos de Morgoth en su fortaleza de Angband. 

Estoy intentando reescribir la historia original pero me está costando más de lo que había creído. Tras ver impresionantes vídeos de la segunda parte del videojuego "Shadow of Mordor", llamada "Shadow of War", se me ha ocurrido ésta continuación de aquella historia y de su protagonista, el Elfo Noldo que, tras escapar de su cautiverio en Angband gracias al poder de un anillo mágico, abandona su antiguo nombre y adopta el de Draugor (en sindarin significa "temor de lobo").


Portada de "El Silmarillion"


Mapa de la Tierra Media en la Primera Edad


Mapa de las Ered Wethrin y sus alrededores



IV

Estaban acorralados... Por el norte las tropas de Eithel Sirion, con mercenarios enanos en sus filas, avanzaban contra su retaguardia y por el sur las tropas de Gondolin, ayudadas por el propio Thorondor, el Rey de las Águilas, y muchas de sus súbditas, avanzaban contra su vanguardia.

De nada sirvió que Draugor y su lugarteniente Morlarak se adelantasen para parlamentar con las tropas de Turgon y explicarles que, a pesar de ser un ejército de Orcos, Huargos y Dragones, su enemigo era el mismo, Sauron el Impostor. Las Águilas se lanzaron sin mediar palabra contra los dragones que iban en vanguardia, Dornimraug, el Terror de las Profundidades, y su hermano Farothaurog, el Cazador Terrible. Por su parte los dragones que iban en retaguardia, Gwathorod, la Sombra de la Montaña, y su hijo Naurcárak, Colmillo de Fuego, fueron emboscados por los cazadores de dragones enanos que luchaban por Eithel Sirion.

- ¡Malditos Elfos estúpidos! - Gritó Draugor. - ¡Avanzamos para luchar contra su enemigo y mira cómo nos lo pagan! ¡Sangramos, sudamos, sufrimos y morimos por luchar contra Sauron y así nos lo pagan! ¡Malditos seáis! ¡¿Me oís estúpidos Elfos?! ¡Yo os maldigo!

Pero ninguna maldición ni ningún insulto impidió que Dornimraug muriera bajo las garras de las Águilas y que los cazadores de dragones enanos mataran a Naurcárak y espantasen a su madre, Gwathorod, quien, con un hacha clavada en un costado, salió volando a toda velocidad hacia el norte, buscando la protección de la única guarida que conocía, huyendo del dolor físico que estaba sufriendo y del dolor mental y psicológico de ver morir a dos de sus hijos.

El ataque combinado de Eithel Sirion y Gondolin tuvo tanto éxito que los Orcos y los Huargos de la Mano Ensangrentada no tuvieron otro remedio que replegarse hacia los pantanos de Serech, donde continuaron muriendo sin demasiada oposición durante toda la noche.

La luz de la mañana encontró a Draugor observando el cadáver de Dornimraug, el dragón de escamas blancas que en vida fuera majestuoso, hermoso y gigantesco, parecía ahora un simple, aunque enorme, amasijo de carne amorfa, sucia y ensangrentada. El elfo albino observaba al dragón que había perecido junto a sus propias esperanzas con la armadura, la ropa, el cabello y la piel sucias con el mismo barro que ensuciaba las escamas blancas de Dornimraug.

Morlarak, el capitán Orco y lugarteniente de Draugor atravesó el campo de batalla y se acercó a su comandante, que estaba de pie, inmóvil, delante del cadáver de uno de sus últimos aliados, un dragón que ya no les ayudaría a conquistar Tol Sirion ni a expulsar de la isla al siervo de Morgoth, Sauron, aquel al que los Elfos Sindar conocían como Gorthaur el Cruel.

- A los Elfos no les ha salido gratis la victoria, mi Señor, aquí hay tres Águilas muertas, las que mató éste dragón antes de caer, y más al oeste hay otras tres, las que mató el dragón que sobrevivió, el de las escamas verdes, quiere hablar con usted.

- Que se acerque y que diga lo que tenga que decir. - Fue la respuesta de Draugor.

Ante un gesto de Morlarak, Farothaurog, el Cazador Terrible de escamas verdes se aproximó a grandes zancadas que arrancaron temblores de la tierra que pisaba.

- He vengado la muerte de mis hermanos, maté a muchas de las Águilas que fueron lo suficientemente estúpidas como para atacarme y me comí a la mitad de los enanos, todos los que pude antes de que salieran corriendo como las ratas cobardes que son. Ya no tengo nada más que hacer aquí, ahora mi madre me necesita, ha perdido a todos sus hijos menos a mí y tengo que ayudarla. Me marcharé para siempre Elfo, ya hemos hecho la guerra por ti y la hemos perdido. Adiós. - Fueron las últimas palabras que Draugor escuchó del último aliado entre los dragones que le quedaba.

- Adiós. - Contestó el Elfo de forma lacónica y sin darse la vuelta.

El dragón desplegó sus enormes alas correosas, se elevó en el aire como si su peso fuera ínfimo y desapareció.

- No se usted pero yo he despachado a unos cuantos Elfos, mi Señor. Ellos se han salido con la suya, si, de eso no hay duda, impedir nuestro avance hacia el sur, pero como le he dicho no les ha salido gratis, entre los "orejas picudas" tienen hoy a más de una viuda llorando a sus muertos. - Fueron las únicas palabras de ánimo que el Orco pudo inventar para su comandante.

- Si, si, Morlarak, yo mismo maté a unas cuantas decenas de Noldor ésta noche, y pude regocijarme con sus miradas de asombro cuando vieron y sintieron cómo uno de los suyos hundía una espada forjada por ellos mismos en el interior de sus asquerosas entrañas. Puse especial empeño en que cada golpe que derribaba a uno de nuestros enemigos les produjese una muerte lenta y dolorosa. ¡Oh, los he hecho sufrir, Morlarak, ya lo creo que si! Pero nos han vencido, es hora de regresar a casa.

- ¿A casa? ¿Os referís a regresar a las llanuras de Ladros?

- Si, Morlarak, a Ladros, a la cordillera occidental de las Ered Gorgoroth, al norte del Paso de Aglon. Regresaremos como los hijos desdichados que somos al regazo de una madre piadosa y Maedhros en persona me abrazará como el hermano desvalido que soy. Si no puedo ser Señor de los Elfos él lo será por mí, Morlarak, y tendré mis tierras, tal vez no para los Elfos, pero vosotros los Orcos, y sobretodo Morgoth, mi encarnizado Enemigo, sabréis quién es realmente el Señor de Himring. - Con una sonrisa maligna Draugor levantó el puño izquierdo enfundado en un guantelete ensangrentado.

Morlarak creyó ver por un instante cómo el puño izquierdo de su Señor brillaba con un fulgor plateado pero pestañeó y la ilusión se desvaneció mientras intentaba reprimir un escalofrío de terror.



viernes, 5 de mayo de 2017

DRAUGOR, SEÑOR DE LOS HUARGOS



El escudo del Lobo Huargo, el escudo de Draugor



Notas previas:

Ésta es la continuación de la historia de un personaje que hice para una campaña del juego de rol "El Señor de los Anillos", que mi hermano hace años iba a ambientar en la Primera Edad de la Tierra Media que J. R. R. Tolkien narró en su libro "El Silmarillion" (en base a textos recopilados por su hijo, quien fue también responsable de su edición).

Tras un desengaño amoroso borré la historia del personaje que narraba los primeros siglos de vida de un Elfo Noldo que había nacido en Valinor con el nombre de Taralmië, que siguió a Fëanor a la Tierra Media y que fue prisionero de los siervos de Morgoth en su fortaleza de Angband. 

Estoy intentando reescribir la historia original pero me está costando más de lo que había creído. Tras ver impresionantes vídeos de la segunda parte del videojuego "Shadow of Mordor", llamada "Shadow of War", se me ha ocurrido ésta continuación de aquella historia y de su protagonista, el Elfo Noldo que, tras escapar de su cautiverio en Angband gracias al poder de un anillo mágico, abandona su antiguo nombre y adopta el de Draugor (en sindarin significa "temor de lobo").



Portada de "El Silmarillion"


Mapa de la Tierra Media en la Primera Edad


Mapa de las Ered Wethrin y sus alrededores



III


Los Orcos de la Mano Ensangrentada estaban muriendo por docenas en aquellas cavernas de las Montañas de la Sombra, las Ered Wethrin. Habían tardado más de tres años en llegar allí, atravesando bosques y montañas a lo largo de toda la Tierra Media. Habían conseguido burlar las patrullas de Eithel Sirion hasta cierto punto, Draugor pensó incluso que habían tenido muchísima más suerte que con las arañas de Dorthonion, que habían diezmado a sus tropas dos años atrás, pero en aquellas cavernas del lejano Norte los Orcos morían más rápido que nunca y en gran número.

El Elfo albino sabía, no obstante, que sin el dominio de aquella progenie de dragones no conseguiría expulsar a Sauron de Tol Sirion, ya que él poseía vampiros gigantescos de alas correosas que le habían permitido tomar la torre de Minas Tirith, la principal defensa de la isla.

A Draugor aún le quedaba un consuelo, sus Orcos no habían muerto del todo en vano ya que en su estrepitosa entrada, y todo el jaleo posterior, habían logrado arrinconar al dragón más grande de todos, aquel que debía ser su padre o su madre y quien se había adelantado para carbonizar con su aliento ígneo a todos los que habían osado amenazar a su prole.

- Que todos los Orcos se retiren, Morlarak, ya hemos perdido bastantes guerreros por hoy, yo someteré al más grande. - Ordenó Draugor a su lugarteniente.

Una vez que Morlarak dio la orden y que todos los Orcos salieron de las cavernas, el Elfo que los comandaba se quitó el yelmo que le habían fabricado y entró solo. Llevaba, además, coraza, grebas y brazales forjados por sus tropas especialmente para él y sus pesados pasos retumbaban con sonido metálico en las paredes de la oscuridad subterránea. Siendo consciente de que los dragones podían oír lo que decía comenzó a hablar.

- Me gustaría saber si tuvisteis parte en la Dagor Bragollach, muchos dragones combatieron por Morgoth en aquella batalla y muchos de mis amigos murieron en ella. ¡Contestad! - Dijo Draugor mientras entraba en la estancia donde lo único que pudo vislumbrar fue el fulgor rojo de enormes ojos de reptil con semblante colérico y fauces llenas de amenazantes colmillos, donde rugían fuegos humeantes, como de lava recién salida de las profundidades de la tierra.

- ¡Un Elfo! - Dijo uno de los dragones con voz profunda y timbre femenino - ¿Qué hace un Elfo a la cabeza de un ejército de Orcos? ¿Quién eres tu? ¡Contesta antes de morir!

- Mi nombre es Draugor, Señor de los Huargos, y tengo como misión expulsar a Sauron de Tol Sirion. El siervo de Morgorth ha tomado la isla y me han encargado reconquistarla.

- Tu debes ser el Elfo Noldo de Thangorodrim, ése que se escapó de Angband y al que los Orcos llaman Fantasma. He oído hablar de ti, si, pero ¿quién te ha encargado reconquistar ésa isla que no conozco?

- Marcho hacia Tol Sirion en nombre de Maedhros el Alto, hijo de Fëanor.

El dragón de voz femenina, el más grande de todos, comenzó a reír.

- ¿En nombre de Maedhros con un ejército de Orcos? ¿Con qué poder te has hecho con la voluntad de los Orcos, Elfo imprudente y estúpido? Enséñame el Anillo del Lobo, enséñame lo que no te pertenece, Elfo ladrón.

Draugor levantó su mano izquierda, donde el dragón pudo ver un anillo de plata que tenía talladas dos pequeñas cabezas de lobo mostrando sus colmillos, y comenzó a recitar la letanía que estaba inscrita en él.

- Obedecerás a tu Amo y Señor Melkor y a mí en su nombre... Obedecerás a tu Amo y Señor Melkor y a mí en su nombre...

Un fulgor plateado comenzó a surgir del anillo y pronto se convirtió en una inmensa luz que ocultó la figura de Draugor y que hizo que los dragones no pudieran mirarle directamente, pero la dragona que le había hablado siguió riéndose.

- ¿Crees que ésa luz me impedirá a mí o a mis hijos matarte? Es muy impresionante, si, pero solo Melkor en persona puede darme órdenes, Elfo insignificante. Ni siquiera te das cuenta de que ya eres un siervo de mi creador, aquel al que tu llamas Morgoth, gracias a ese anillo que tan a la ligera usas, que no es tuyo y que robaste.

El Elfo dejó de recitar la letanía y la luz que lo cubría se extinguió de pronto.

- ¡¿Cómo que soy un siervo de Morgoth?! ¡Él es mi enemigo, yo lo destruiré, o ayudaré con todo mi corazón a destruirle! - Gritó Draugor. - Ya veo que quieres enfurecerme para que baje la guardia... Eso no ocurrirá, dragón, no me mataréis, no hasta que esté frente a Minas Tirith, entonces Sauron tendrá su oportunidad de matarme, pero eso no ocurrirá antes... No cambies de tema, dragón, no me habéis contestado ¿luchasteis o no en la Dagor Bragollach?

- Díselo, madre, díselo y devorémoslo de una vez, hace mucho que no pruebo la carne de Elfo. - Dijo otro de los dragones.

A éstas alturas los ojos élficos de Draugor ya se habían acostumbrado a la penumbra y pudo distinguir perfectamente a cada uno de los dragones. El dragón femenino, el más grande y que al parecer era la madre de los demás, tenía escamas de color negro; había uno con escamas blancas; uno con escamas verdes, que era el que acababa de hablar; y un cuarto, el más pequeño, que tenía escamas de color rojo. La dragona de escamas negras contestó a la pregunta.

- Sí, Draugor, Señor de los Huargos, hemos luchado en la Dagor Bragollach y hemos matado a muchos Elfos debiluchos como tú. Estos que ves aquí, mis hijos, son también los hijos de Glaurung, al que tu conoces con el título de El Gran Gusano. Cuando eran simples huevos Melkor vino volando a lomos de su padre y se llevó uno de ellos. Muchos muchos años después, cuando el Señor Oscuro deseó hacer su Guerra contra los Elfos, volvió a lomos de Dornimraug, mi hijo, el de las escamas blancas. Morgoth lo había tenido prisionero en Angband y amenazó con volver a llevárselo o con derrumbar toda la montaña sobre nosotros si no accedíamos a arrasar el Sitio que los tuyos mantenían sobre la Prisión de Hierro. Si nos plegábamos a sus demandas juró dejarnos libres y no volver a molestarnos jamás. Él cumplió su palabra y ahora tu eres nuestra cena.

- ¡No tan deprisa! - Gritó Draugor levantando la mano en la que llevaba su anillo mágico. - Habéis combatido y sabéis lo que es una batalla contra ejércitos armados, eso es importante para mí porque necesito vuestra ayuda para dominar la plaza de Sauron. Ahora sé que preguntaréis ¿a cambio de qué? ¿Puede daros un Elfo ladrón como yo algo que os interese, dragones? ¿qué queréis a cambio de vuestra ayuda? Os lo pregunto para saber si puedo contar con vosotros puesto que sin vosotros mi viaje de conquista acaba aquí, sin vosotros no me será posible expulsar a Sauron de Tol Sirion.

- ¡No, Elfo, no puedes convencernos para luchar por ti, jamás te ayudaremos y ahora muere! - Gritó el dragón de escamas verdes.

- ¡Un momento! - Le detuvo su madre. - ¿Y qué hay de ése anillo? Morgoth nos dará un tesoro a cambio de él. ¿Nos darías el Anillo del Lobo, Elfo? ¿Te desprenderías de tu mejor y más poderosa arma a cambio de conquistar esa isla?

- ¿Y porqué no quemar al Elfo y recoger el anillo de sus cenizas, madre? - Preguntó el dragón más pequeño, el de escamas rojas. - No necesitas obedecer a un ladrón para robarle.

- Puedes comerte a éste Elfo estúpido que ha venido a buscar su muerte en nuestra guarida si quieres, Naurcárak, pero pensad en todos los Elfos que podríais comeros si viajamos al sur, hijos. ¿Alguno de vosotros ha viajado al sur? ¿Sabéis donde están las fortalezas que debemos evitar y las que podemos atacar? ¿Acaso sabéis donde hay grutas donde descansar? No ¿verdad? Con la ayuda de éste Elfo podemos hacernos con tesoros y festines que no ganaremos aquí acurrucados, hijos míos, pensadlo.

- ¡Si! - Intervino rápidamente Draugor. - ¡Si! Os indicaré las ciudades de los Elfos que podéis atacar, no me importa, y por supuesto que os daré el Anillo del Lobo si eso es lo que queréis, me es muy preciado... y no sólo por su poder... me recuerda cosas del pasado... Pero os lo daré cuando yo sea el único Señor de Tol Sirion y el único comandante de Minas Tirith, no antes... Os lo daré cuando haya cumplido lo que he pactado con Maedhros el Alto por fin y cuando Sauron haya sido derrotado y no tenga poder para organizar represalia alguna, si es que no conseguimos darle muerte. ¿Hay trato?

- Déjanos solos un momento, Draugor - dijo la dragona de escamas negras - debemos debatir qué es lo que realmente queremos y qué es lo que realmente nos conviene.

- Que así sea. - Contestó el Elfo albino entre las protestas del dragón de escamas verdes, antes de darse la vuelta y salir de las cavernas mientras se ponía su yelmo de faz terrible.

Morlarak, el Orco lugarteniente de Draugor, pestañeó incrédulo al ver salir de las cavernas a su Amo de una pieza y sin un rasguño. - ¿Todo bien, mi Señor? - Preguntó.

- Si, Morlarak - contestó su comandante - creo que todo ha ido muy bien y pronto arrasaremos la Tierra Media con la ayuda de esos dragones.


Gwathorod, Sombra de la Montaña, Madre de Dragones
Gwathorod, Sombra de la Montaña, Madre de Dragones

Dornimraug, el Terror de las Profundidades
Dornimraug, el Terror de las Profundidades

Farothaurog, el Cazador Terrible
Farothaurog, el Cazador Terrible

Naurcárak, Colmillo de Fuego
Naurcárak, Colmillo de Fuego

Gwathorod y Draugor
Gwathorod y Draugor



Escudo del Dragón



Los dragones:

- Gwathorod ("Sombra de la Montaña"). Madre de los Dragones, de escamas negras.

- Dornimraug ("Demonio Blanco de la Tierra"). El mayor de los hijos, de escamas blancas.

- Naurcárak ("Colmillo de Fuego"). El más pequeño, de color rojo.

- Farothaurog ("Demonio Cazador Abominable"). El mediano, de escamas verdes.




viernes, 28 de abril de 2017

DRAUGOR, SEÑOR DE LOS HUARGOS



Notas previas:

Ésta es la continuación de la historia de un personaje que hice para una campaña del juego de rol "El Señor de los Anillos", que mi hermano hace años iba a ambientar en la Primera Edad de la Tierra Media que J. R. R. Tolkien narró en su libro "El Silmarillion" (en base a textos recopilados por su hijo, quien fue también responsable de su edición).

Tras un desengaño amoroso borré la historia del personaje que narraba los primeros siglos de vida de un Elfo Noldo que había nacido en Valinor con el nombre de Taralmië, que siguió a Fëanor a la Tierra Media y que fue prisionero de los siervos de Morgoth en su fortaleza de Angband. 

Estoy intentando reescribir la historia original pero me está costando más de lo que había creído. Tras ver impresionantes vídeos de la segunda parte del videojuego "Shadow of Mordor", llamada "Shadow of War", se me ha ocurrido ésta continuación de aquella historia y de su protagonista, el Elfo Noldo que, tras escapar de su cautiverio en Angband gracias al poder de un anillo mágico, abandona su antiguo nombre y adopta el de Draugor (en sindarin significa "temor de lobo").


Portada de "El Silmarillion"



La Tierra Media en la Primera Edad


Las Tierras de Maedhros y los Noldor durante la Primera Edad



II


Draugor espoleó a su lobo huargo para acercarse a Morlarak, el líder del clan de la Luna Pálida. Cuando llegó a su lado saltó del lobo y saludó al Orco, una criatura de baja estatura, de piel oscura, pelo largo, ralo y quebradizo de color blanco, larga nariz picuda, ojos pálidos y enormes orejas caídas. Tenía en la mejilla izquierda un tatuaje que representaba una tosca media luna de color gris y llevaba un atuendo muy similar al del Elfo, armadura de cuero negra y pieles del mismo color, pero mientras él portaba espada y arco élficos, el Orco tenía una aparatosa y gran cimitarra que descansaba en la vaina de su cinto y un arco negro sobresalía de su espalda.

- ¡Has regresado! Nuestro campeón élfico, Draugur. - Dijo Morlarak con una voz chillona y llamando al Elfo por el nombre con el que los Orcos lo conocían, Draugur, que en Orco significa "Fantasma". 

- Así es, Morlarak - dijo el Elfo albino - ¿ha ocurrido algo importante en el clan durante mi ausencia?

- No... O tal vez si... No lo sé... Los lobos de nuestros aliados, el clan de la Cabeza Deshuesada, han matado a varios de los nuestros... Parece ser que se han acabado las arañas en el bosque y tienen hambre... ¿Qué hacemos Draugur? ¿Los escarmentamos?

- No. Yo si tengo noticias muy muy importantes, Morlarak... Debemos levantar los campamentos y viajar hacia el oeste lejano... Todo el clan... Todos los clanes... Desde el Hierro en la Sombra al clan de la Rata Verde, todos debéis moveros hacia el oeste, hacia Tol Sirion, allí haremos la guerra a Sauron y tomaremos la fortaleza de Minas Tirith.

- ¿Qué? - Preguntó un sorprendido Morlarak mientras miraba perplejo a Draugor con sus ojos completamente blancos - ¿Y nuestros aliados del sur? La Cabeza Deshuesada vendrá y nos quitará nuestras tierras de caza si no nos mantenemos en los campamentos ¿Qué ocurrirá con las cuevas del clan del Hierro en la Sombra? ¿Te han ordenado los Elfos conquistar esa fortaleza? ¿O son ellos los que quieren tomar nuestras tierras?

- No exactamente... Sí y no... Ellos me lo han pedido y yo he aceptado, con una importante condición... Yo seré el nuevo Señor y comandante de Tol Sirion. El Señor de los Elfos del sur,  del que ya te he hablado muchas veces, Maedhros, quiere recuperar esa fortaleza y yo lo haré en su nombre, con vuestra ayuda, a cambio de su dominio y señorío.

- ¿Y nuestros lobos? ¿Dónde cazarán? Necesitamos mucho territorio, tenemos muchos lobos, Draugur...

- Sauron cría en aquellas tierras licántropos... - Draugor se detuvo para mirar un instante al Orco que tenía tanta pinta de saber lo que era un licántropo como de saber lo que era una ciudad construida por los Elfos. - ...Quiero decir... Cría bestias medio Elfos medio lobos... y si él cría a esos monstruos allí tiene que haber comida para los lobos, o la conseguiremos como sea. Ya sabes que yo cumplo lo que prometo, Morlarak, sabes que si tengo que saquear a los Elfos para dar de comer a lo lobos lo haré, que si tengo que matar a los míos no me temblará la mano.

- La mano... Si... La mano... - Dijo el Orco mirando al suelo mientras un escalofrío recorría su espalda. - Habrá guerreros de nuestro clan que sabes que se opondrán a ti, Draugur ¿tendrás piedad? ¿no nos mostrarás tu magia, verdad? ¿no nos harás sufrir? Somos tu clan, Draugur, tu familia... ¿Tendrás piedad?

Draugor miró al Orco con aire sombrío y el ceño fruncido.

- Yo no tengo familia, no digas que vosotros sois mi clan ¡Vosotros sois de mi propiedad, Orco y obedecerás, como obedeceréis todos si sabéis lo que os conviene! - Dijo el Elfo con aire iracundo mientras levantaba la mano zurda en un puño, allí donde llevaba el Anillo del Lobo, con el que había conseguido escapar de Angband y que durante un instante brilló con un fulgor plateado.

Morlarak, el líder de los Orcos, se arrodilló ante Draugor y agachó la cabeza todo lo que pudo.

- ¡Ten piedad, Amo! ¡Seré obediente! ¡No me castigues!

Pero varias horas después, cuando el Elfo y el Orco ordenaban al campamento marchar hacia el oeste a lomos de sus huargos, otros guerreros jóvenes, ignorantes e inexpertos, no fueron tan inteligentes y, como Morlarak hubiera predicho, sacaron sus armas con intención de hacerse con el liderazgo del clan matándoles. En ese instante, Draugor levantó la mano izquierda y repitió una y otra vez ésta letanía durante varios minutos agónicos, que a los Orcos y a los lobos les debieron parecer horas:

- "Obedecerás a tu Amo y Señor Melkor y a mí en su nombre... Obedecerás a tu Amo y Señor Melkor y a mí en su nombre..."

El Anillo del Lobo, en el índice zurdo del Elfo albino, brilló entonces con un gran fulgor plateado que llegó casi a impedir ver su figura, si es que alguno de los Orcos o de los lobos hubiera podido mirarle porque, durante los largos minutos que duró la letanía de Draugor, todos y cada uno de ellos, al mismo tiempo y en muchísimos kilómetros a la redonda, comenzaron a sentir un terrible dolor en la cabeza o en el rostro, allí donde él les había puesto la mano, y no paró aquella tortura hasta que de la cabeza o el rostro de cada uno ellos comenzó a manar la sangre negra, dejando ver la marca de una mano zurda de Elfo.

Cuando la letanía se detuvo, todos aquellos Orcos y lobos, los que habitaban en Ladros y en la cordillera oriental de las Ered Gorgoroth, se levantaron al unísono con la marca de una mano negra en los rostros o en sus cabezas. En aquel instante había nacido un nuevo clan de Orcos, el más grande y numeroso clan de Orcos que jamás se hubiera visto hasta entonces... Draugor les llamó el clan de la Mano Ensangrentada.

martes, 25 de abril de 2017

DRAUGOR, SEÑOR DE LOS HUARGOS



Notas previas:

Ésta es la continuación de la historia de un personaje que hice para una campaña del juego de rol "El Señor de los Anillos", que mi hermano hace años iba a ambientar en la Primera Edad de la Tierra Media que J. R. R. Tolkien narró en su libro "El Silmarillion" (en base a textos recopilados por su hijo, quien fue también responsable de su edición).

Tras un desengaño amoroso borré la historia del personaje que narraba los primeros siglos de vida de un Elfo Noldo que había nacido en Valinor con el nombre de Taralmië, que siguió a Fëanor a la Tierra Media y que fue prisionero de los siervos de Morgoth en su fortaleza de Angband. 

Estoy intentando reescribir la historia original pero me está costando más de lo que había creído. Tras ver impresionantes vídeos de la segunda parte del videojuego "Shadow of Mordor", llamada "Shadow of War", se me ha ocurrido ésta continuación de aquella historia y de su protagonista, el Elfo Noldo que, tras escapar de su cautiverio en Angband gracias al poder de un anillo mágico, abandona su antiguo nombre y adopta el de Draugor (en sindarin significa "temor de lobo").


Portada de "El Silmarillion"




La Tierra Media en la Primera Edad


Las Tierras de Maedhros y los Noldor durante la Primera Edad



I


Räegaryon se le acercó y no había ido solo, un Elfo Sinda iba con él.

- Hola, Draugor. - Dijo Räegaryon. - Te presento a Glîncalen, un amigo de los Noldor. Le he hablado de ti y desea conocerte.

- Te olvidas de que yo ya no soy un Noldo, ni amigo de los Sindar. - Dijo Draugor. - Y tampoco soy una atracción de feria. ¿Para qué has venido? ¿Qué noticias traes del sur? ¿Qué noticias hay de Himring y de las Tierras de Maedhros?

Glîncalen vio a un extraño Elfo, era albino, como le habían dicho, y su largo cabello blanco brillaba con fulgor a la luz del mediodía. Vestía armadura de cuero negro y pieles del mismo color, y éste atuendo y vestimenta parecía más de Orco que de Elfo. Llevaba la espada larga que Räegaryon le había regalado, un arco largo élfico y un carcaj lleno de flechas de Orco. Una docena de metros más atrás un enorme lobo huargo esperaba a quien debía ser su jinete, aquel que respondía al nombre de Draugor, Señor de los Lobos.

- Noticias de Himring no traigo, traigo noticias del oeste, Tol Sirion ha caído, Sauron la ha tomado y la ha convertido en su criadero personal de licántropos. - Explicó Räegaryon. - Hace unos seis meses de aquello.

- El bastardo de Gorthaur la ha llamado Tol-in-Gaurhoth, la Isla de los Licántropos. - Dijo Glîncalen.

- Una pena. - Dijo Draugor - Pero eso está muy lejos de Ladros y del Paso de Aglon. Además, y como tu ya sabes, mi guerra es con el Señor y no con el Siervo, mi guerra es contra Morgoth y no contra Sauron. Me vengaré por lo que les hizo a mis padres, me vengaré por lo que me hizo a mí.

- Como tu bien has dicho, yo ya sé todo eso. - Dijo Räegaryon - Pero también sé que sigues siendo leal a Maedhros, a pesar de lo que opinas de los Noldor, porque sufrió como tu por culpa de Morgoth y en el mismo lugar... Atrapado en el interior de Angband... Ambos tenéis cicatrices de esa estancia forzosa en la Fortaleza del Enemigo y son bien visibles... Pero debes comprender que no puedes matar a un Vala, ningún Elfo ha conseguido jamás tal proeza... Ni la conseguirá... Recuerda a Fingolfin y su duelo con Morgoth ¿Quieres acabar muerto como él? Gran suerte tuviste de ser acogido en Himring por Maedhros durante la Dagor Bragollach... Él también te recuerda con afecto, Draugor, él también recuerda quien fuiste cuando os marchasteis de Valinor, cuando llegasteis a la Tierra Media. Él no ha olvidado tu ayuda desde entonces y siempre te ha ayudado en recuerdo a esa amistad.

- ¿Acaso yo no le he ayudado? - Respondió el Elfo albino - ¿Quién mantiene el Paso de Aglon seguro y vigilado? ¿Quién controla a todos los clanes de los Orcos en las llanuras de Ladros, en la cordillera oriental de las Ered Gorgoroth y en las laderas que bajan hasta las llanuras de Lothlann? Es mucho territorio el que Maedhros controla gracias a mí, son muchos los clanes de Orcos que domino para él y mucho a lo que he renunciado para llevar a cabo la guerra contra Morgoth... ¿Todo este territorio quieres perder? ¿Tanto vale una fortaleza que se encuentra en una frontera distante, más allá de las Ered Gorgoroth, más allá de Taur-nu-Fuin, más allá de Gondolin y de las Crissaegrim? Que se ocupe Turgon y sus Águilas de Sauron y sus licántropos. ¿O acaso el rey de Gondolin y sus protectores alados necesitan la ayuda de un Elfo extranjero que vive en el lejano oriente para mantener a salvo sus fronteras?

- Sabes tan bien como yo que Turgon se siente muy a salvo tras los muros de Gondolin y que jamás saldrá de la ciudad, y menos para hacer la guerra, aunque con ello acabase con el mismísimo Enemigo. - Respondió el Elfo Noldo. - Tu tienes el poder de dominar la mente de los siervos de Morgoth y de usarlos contra él. Nadie más en la Tierra Media ha conseguido tal proeza. Tal vez no puedas matar al Vala, pero sí puedes debilitar sus ejércitos, puedes hacerte con sus mismas armas y además usarlas contra él mismo. No queremos destruir Tol Sirion, hasta ahora nos había sido muy útil, queremos reconquistarla, y en Himring hemos pensado que no tenemos por qué matar a los licántropos siempre y cuando esos mismos licántropos nos sean útiles para destruir a Sauron y a su Señor.

Draugor agachó la cabeza pensativo mientras se acariciaba el pálido mentón durante unos instantes.

- Estaba más que claro que con esas noticias has venido a convencerme de convertirme en el Señor de esas nuevas criaturas que Sauron está criando. - Dijo sin cambiar el gesto - He oído que desde la torre de Tol Sirion se domina todo el valle y que se ve llegar a todos los enemigos con tiempo suficiente para organizar la defensa más eficaz. ¿Con qué demonios Sauron ha logrado conquistar esa fortaleza? ¿Cómo ha logrado eludir las defensas? ¿Con qué extraño poder o fuerza se ha hecho con la torre? Necesito que me des mucha más información si quiero conquistar la isla y una garantía de futuro. Quiero ser el Señor de Minas Tirith si la reconquisto, esta vez no renunciaré a ser el comandante de la isla si expulso a Sauron de la misma, esta vez no repetiré lo que hice con Himring.

- Debes saber que Orodreth no ha muerto, al ser expulsado de Minas Tirith se refugió en Nargothrond. - Dijo Räegaryon -. Si es reconquistada es muy posible que el Noldo exija volver a su puesto como Señor de Tol Sirion.

- Si Orodreth ha abandonado su señorío ya no puede reclamarlo si otro se hace por derecho con él. - Concluyó Draugor. - Pero antes de aceptar ésta misión quiero una declaración jurada por escrito de Maedhros y de todo aquel Señor de los Elfos que puedas convencer de que esas tierras me pertenecerán si soy capaz de conquistarlas. Y quiero reunirme con Maedhros en Himring para ser testigo de cómo el hijo de Fëanor en persona firma esa declaración un segundo antes de quedármela. No lograreis engañar a alguien que conoce al detalle las artimañas y mentiras de los Orcos. Entonces, y solo entonces, empezaré a moverme para cumplir la misión. No es negociable, cualquier otra oferta será rechazada y me conoces lo suficiente como para saber que no cambiaré de opinión. Si no aceptáis no habrá trato y seguiré siendo para siempre el Señor de los Orcos y los Lobos de la Cordillera Oriental de las Ered Gorgoroth, al norte de Himring y el Paso de Aglon.

El Elfo Sinda llamado Glîncalen, que hasta entonces se había mantenido apartado de la conversación, dio un paso al frente.

- Me han contado que una vez fuiste comandante de Himring y que renunciaste al puesto para convertirte en éste montaraz que vive en las montañas, en los bosques y en las cavernas. Me gustaría saber ¿por qué ahora si deseas tener un señorío?

Draugor lo miró con una mirada divertida en los ojos y una sonrisa en los labios.

- Ser el comandante de Himring no es lo mismo que ser el Señor de Himring, Sinda; esa fortaleza solo tiene un Señor y ése es Maedhros el Alto, su comandante solo es un subordinado. Yo quiero un señorío y aunque ser el Señor de los Lobos no es atractivo ni suena bien es algo mío y solo mío. Es preferible ser el Señor de Algo, por desagradable que esto sea, que ser un simple lacayo.

Draugor se volvió a Räegaryon para lanzar su última petición.

- Tienes una semana, Noldo, si no estás aquí con una respuesta dentro de una semana entenderé que no hay acuerdo y que todo sigue igual. Entonces tu seguirás siendo el lacayo de Maedhros y yo seguiré siendo su Señor de los Lobos y los Orcos... Al menos seguiré teniendo algo.

- Entendido. - Respondió Räegaryon - Vendré dentro de una semana con una respuesta de Maedhros, sea la que sea. - Y dicho esto se giró hacia Glîncalen para indicarle que ya podían regresar a tierras civilizadas y el Elfo Sinda montó en su caballo y cabalgó hacia Himring junto a su comandante.